«Estamos atrapados en un camarote de 16 metros cuadrados por el coronavirus»

Fuente: ABC

Fuera de China, origen de la epidemia con más de 45.000 infectados y 1.115 fallecidos, el foco con más contagiados por el coronavirus es Japón. Para ser más concretos, un enorme crucero en cuarentena atracado desde la semana pasada en el puerto de Yokohama, cerca de Tokio. De las más de 3.700 personas a bordo del «Diamond Princess», ya son 174 los infectados después de que este miércoles se detectaran 39 nuevos casos. Por uno de esos inesperados golpes del destino, este barco de lujo, sinónimo de vacaciones idílicas por mares exóticos, se ha convertido en una prisión flotante.

Encerrados desde hace ocho días en un camarote sin ventanas de solo 16 metros cuadrados, allí resiste como puede una familia australiana de origen malasio. «Lo llevamos bien, teniendo en cuenta que estamos atrapados», explica por una llamada a través de Facebook Aun Na Tan, administrativa de 43 años que viaja con su marido, Jeff Soh, de 44, y sus dos hijos, Sander y Kaitlyn, de 19 y 16 años.

Tras 16 días de travesía, que les llevó por Hong Kong, la bahía de Halong en Vietnam y la isla nipona de Okinawa, el barco regresó a Yokohama el martes día 4. Pero fue inmovilizado en el puerto porque un pasajero que había viajado a bordo hacía dos semanas, un hombre de Hong Kong de 80 años, estaba hospitalizado por el coronavirus. Debido a su periodo de incubación, que se calcula que es de dos semanas o hasta 24 días, podía haber contagiado a los tripulantes. Y estos, a su vez, a los nuevos pasajeros, como así ha ocurrido.

«Conocemos de vista a algunos de los contagiados, pero no sabemos quiénes son ni hemos tenido contacto con ellos», cuenta Aun Na Tan, que intenta sobrellevar la situación con buen ánimo frente a la ansiedad que ya están sufriendo otros pasajeros, temerosos de infectarse por estar en un recinto cerrado.

Para evitar ese riesgo, todos los pasajeros han sido confinados en sus camarotes y solo pueden salir por turnos y por un tiempo muy limitado. «Desde el viernes, hemos podido pasar una hora en cubierta cada día para que nos dé el aire fresco y tomar el sol, pero protegiéndonos con máscaras y guardando una distancia de dos metros con otras personas», desgrana la mujer, que solo tiene buenas palabras para el trato que están recibiendo. «Somos muy positivos; el capitán, la tripulación y los médicos nos cuidan mucho y se aseguran de que estemos a salvo y contentos. Se preocupan de nuestro bienestar mental y físico y hacen muchas cosas por entretenernos», detalla con buen humor.

Su voz no denota ningún miedo y prefiere ver esta experiencia como una «aventura». El único problema es pasar tanto tiempo en un espacio tan reducido, ya que estarán en cuarentena hasta el día 19. «Mientras sigamos teniendo internet, todo va bien. Los chicos se ponen a escuchar música con los auriculares en las literas superiores y nosotros podemos seguir con nuestras tareas», nos dice la mujer, cuyo esposo, Jeff, trabaja en una institución financiera.

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A pesar de la mala suerte de este viaje, que les ha obligado a retrasar su regreso a Australia, a Aun Na Tan no se le han quitado las ganas de embarcarse en más cruceros: «Este es el cuarto que hacemos y para el próximo ya estamos pensando en Alaska o Santorini».

Peor rumbo llevan los más de 2.200 pasajeros y tripulantes del Westerdam, otro crucero que sido rechazado por cinco países —Tailandia el último— porque se sospecha que a bordo puede haber alguien infectado por el coronavirus. Si ningún gobierno lo acepta, tendrá que esperar a quedarse sin combustible ni víveres para lanzar una señal de auxilio. En ese caso, las leyes marítimas obligan al puerto más cercano a darle cobijo, lo que entrañaría poner en marcha una cuarentena como la del «Diamond Princess» o la del «World Dream», otro crucero con 3.600 personas que había sido inmovilizado en Hong Kong. Tras hacerles pruebas a sus tripulantes por sospechas de coronavirus, todos han dado negativo y se ha levantado la cuarentena esta semana. Pero la amenaza de la epidemia sigue acechando por tierra, mar y aire.

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