¿Por qué no puedes comerte solo una galleta o una papa frita?

Te has quedado alguna vez mirando fijamente un paquete vacío de galletas que acabas de devorar? No te martirices. Tu cerebro está programado para comerse esa galleta y las próximas 10. Es una respuesta automática, como cuando huyes de un ruido fuerte.

Pero resistirse a las galletas (o a las papas fritas, o a las tortas o a los pretzels cubiertos de chocolate) no tiene que ser una lucha cuerpo a cuerpo entre la voluntad y el antojo. Puedes hacer que la misma ciencia que usan los fabricantes de alimentos para hacer comidas chatarra biológicamente irresistibles funcione a tu favor.

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¿Por qué no me antojo de zanahorias?

Nuestros ancestros cavernícolas necesitaban el azúcar, la sal y las grasas para sobrevivir, por lo que evolucionaron para que tener antojos de este tipo. Pero, como esos alimentos eran escasos, nuestros ancestros no necesitaban mucha voluntad. Esa región del cerebro que regula la voluntad es más joven en términos evolutivos y es más fácilmente anulada por la región más primitiva de los antojos.

Pero en los últimos 200 años, comenzamos a producir alimentos que no son nada más que azúcar, sal y grasa. Nuestro ambiente cambió, pero nuestros cerebros y nuestros cuerpos no pudieron adaptarse al embate repentino de la comida chatarra altamente recompensante.

Las comidas chatarra activan específicamente la “zona de recompensa” en nuestro cerebro, la misma área en la que actúan las drogas y el alcohol. Cada vez que uno come azúcar, su cerebro libera dopamina (la hormona de la felicidad) y uno se siente bien.

De hecho, los fabricantes de alimentos gastan millones para encontrar el punto de la dicha para cada comida: esa relación irresistible entre azúcar, sal y grasa. Estos alimentos evitan nuestros mecanismos normales de satisfacción, por lo que podríamos comerlos todo el día y no sentir saciedad. Con el tiempo, el cuerpo se torna menos sensible a esos alimentos, por lo que uno debe comer más para conseguir la misma carga de dopamina y sentir la abstinencia si uno no lo consigue. Es como una droga sintética en un paquete fácil de abrir.

También, nuestros cerebros aman el azúcar y los fabricantes de alimentos se lo agregan prácticamente a todo. Hoy, el 74% de nuestros alimentos que se venden en los supermercados tienen endulzantes, entre ellos los aderezos para ensaladas, la salsa barbacoa y la salsa para la pasta. Los alimentos específicos para niños en promedio tienen 85% más azúcar que las versiones para adultos. No solo se agregan calorías con el azúcar, sin que los azúcares ocultos son como darle al cerebro un estímulo constante que solo amplifica nuestros antojos.

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