Trucos para personalizar tu crema y otros productos de belleza

Fuente: Cuerpo Mente

Cuanto más se adecúe un producto cosmético a tu tipo de piel, mejor resultado dará. Aprende unos sencillos trucos para personalizar y mejorar tus productos de higiene y cosméticos con sustancias naturales.

Todas las pieles, cuando están sanas, son bellas. Cada una con sus características y peculiaridades, que nadie mejor que uno conoce, pero bellas.

Para corregir sus imperfecciones y desequilibrios lo mejor es potenciar su vitalidad con productos sanos y vivos procedentes de plantas, que se adapten a tus necesidades.

Por lo tanto, lo primero es conocer la propia piel: su aspecto, textura, si le va mejor una emulsión o un aceite, si es más o menos sensible… Hay que dedicar un tiempo a observarla si se quiere formular cosméticos que se adapten mejor a ella.

Cómo mejorar naturalmente tus cosméticos
Infusiones, decocciones y aceites vegetales y esenciales serán nuestras materias primas para elaborar cosméticos personalizados o potenciar aquellos que ya tenemos.

PIEL SANA

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¿Cómo se formula un cosmético?
Con aceites esenciales
Los aceites esenciales puros, la forma más concentrada y sutil de la planta, serán una gran herramienta. Penetran profundamente en la piel a nivel celular, lo que los hace muy efectivos.

Los aceites esenciales, muy concentrados, deben emplearse en pequeñas dosis: en general, de 15 a 20 gotas por cada 100 ml de aceite o producto base, en función de si el aceite esencial es más o menos suave.

Cuando se trate de añadir a aceites a una crema base, sean vegetales o esenciales, conviene seguir las indicaciones del fabricante para esa crema concreta.

Limón e infusiones tónicas
Para la limpieza facial diaria puedes potenciar tu limpiador, sea un aceite, agua micelar o leche fluida, añadiéndole aceite esencial de limón. El limón, apropiado para cualquier tipo de piel, desinfecta e ilumina, lo que hace que la piel quede aún más limpia y fresca.

Después de la limpieza puedes tonificar la piel de forma muy sencilla con infusiones de plantas, gel de aloe líquido o aguas florales.

Para piel seca son muy aconsejables la decocción de avena y la infusión de malva o de milenrama. La piel sensible se beneficia de la infusión de manzanilla o de caléndula y del agua de azahar; y la piel grasa, de la infusión de ortiga o del agua de hamamelis.

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El tratamiento nutritivo
Para crear un aceite facial se puede usar una mezcla de aceites vegetales, que serán la base del cosmético, y uno o varios aceites esenciales, que conferirán a la fórmula sus propiedades específicas.

La piel seca prefiere los aceites esenciales energéticamente dulces y calmantes. A una base de aceite de sésamo y aguacate añádele aceite esencial de jengibre, limón, neroli o cardamomo.

La piel sensible pide aceites calmantes y refrescantes. A una base de aceite de almendra y coco agregále aceite esencial de geranio, sándalo o ylang-ylang.

La piel grasa se beneficia de los aceites faciales, que, lejos de engrasarla, la regulan y desintoxican. Se pueden añadir aceites esenciales picantes y estimulantes. Da un aceite de pepita de uva o maíz un toque de clavo, lavanda o bergamota.

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