¿Qué pasa en tu cerebro cuando alguien dice tu nombre?

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Según un estudio con resonancia magnética de la Universidad de Nueva Jersey (EE UU), cuando escuchamos nuestro propio nombre, el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro se activa con más fuerza que cuando oímos el nombre de otras personas. Concretamente, la actividad es mayor en las neuronas de la corteza frontal media y la corteza temporal. ?Estos experimentos demuestran que reconocer que alguien nos nombra pone en marcha zonas cerebrales específicas que permanecen en silencio el resto del tiempo”, concluían los autores en la revista Brain Research.

Tanto nos influye nuestro nombre que nos mostramos más predispuestos a comprar algo si nos lo ofrece un vendedor que comparte con nosotros alguna inicial en el nombre o en los apellidos, según un estudio de la revista Journal of Consumer Research. Y también han demostrado científicamente que somos más propensos a contraer matrimonio con una persona cuyo nombre empieza por la misma letra que el nuestro.

¿Por qué es tan poderoso usar nombres y pronunciaciones adecuadas? Hay evidencia científica que demuestra que escuchar el nombre de uno impacta enormemente en el cerebro. Esa evidencia nos ayuda a comprender cuán poderoso puede ser para las personas escuchar sus propios nombres.

Según un estudio realizado en 2006 por el Instituto para el Estudio del Desarrollo Infantil, usar o escuchar su propio nombre se considera un comportamiento de representación propia. Otros comportamientos de autorrepresentación incluyen reconocer la propia imagen en un espejo, usar adjetivos para describirse a sí mismo o describir el estado mental propio.

Los investigadores sabían que algunas de estas actividades correspondían con patrones de activación específicos en el cerebro.  Querían averiguar si escuchar el nombre propio llevaría a una activación cerebral similar en los participantes.

La corteza prefrontal medial es responsable de muchos de los procesos importantes que hacen que seamos como somos. Esto incluye emociones, toma de perspectiva y desarrollo de teorías mentales. Muchos de estos procesos se ejecutan en segundo plano o se encuentran en estado de “reposo” o “piloto automático”. No son procesos que controlemos activamente, pero el cerebro reacciona a ellos en patrones predecibles que ayudan a formar su identidad y personalidad.

Los investigadores probaron la activación cerebral en esta región para ver si los cerebros de los sujetos responderían de forma autorepresentativa cuando escuchasen sus propios nombres en relación con otros nombres. Este efecto podría explicar por qué nuestros oídos se animan cuando escuchamos nuestros propios nombres en una habitación ruidosa y llena de gente.

Resultados

Los sujetos fueron expuestos al sonido repetido de cuatro nombres diferentes, incluido el suyo, en patrones aleatorios. Escucharon los nombres de todos los participantes repetidos la misma cantidad de veces. Se les dijo que minimizaran sus reacciones físicas al sonido de su propio nombre. Usando un escáner cerebral, los investigadores estudiaron la reacción en el cerebro cuando los participantes escucharon su propio nombre entre los demás.

Descubrieron que hay una activación cerebral única cuando un sujeto escucha su propio nombre. Estos patrones son similares a los patrones que exhibe el cerebro durante otros comportamientos de autorrepresentación. Escuchar nuestro nombre hace que el cerebro reaccione como si estuviera participando en los comportamientos y patrones de pensamiento que sirven como algunos de sus principales marcadores de identidad y personalidad.

De hecho, esta reacción es tan poderosa que se observaron patrones similares en pacientes en estado vegetativo persistente (PVS). Un PVS se define como una condición en la que la conciencia de uno mismo y del medio ambiente está ausente. Los pacientes en PVS no pueden moverse, hablar, identificar a otros y, en algunos casos, incluso abrir los ojos.

Sin embargo, estos mismos pacientes demostraron activación cerebral al escuchar sus nombres, aunque solo fuese por un momento. Es la evidencia de autoreconocimiento. Así, nuestros cerebros responden involuntariamente al sonido de nuestros propios nombres, incluso en un estado en el que no podemos responder o actuar sobre cualquier otra cosa.

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