Lo más impactante en Series Finales

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Además de haber sido una extraordinaria persona, Argelio Córdoba fue también un estupendo mánager y un competente entrenador. Al periodismo le encantaba entrevistarlo y a los fanáticos escucharlo. Era un show por su picardía y conocimientos.

Sin embargo, no solía ser muy atinado en sus pronósticos. El más célebre de sus vaticinios fue el de la medalla que vendría de los Juegos Panamericanos de Indianápolis en 1987, cuando Nicaragua resultó una total decepción en el torneo de beisbol.

«Olvídate chico, la medalla viene», decía el «Brujo» en la viñeta radial en La Voz de Nicaragua y todos le creímos. La Selección Nacional había realizado una formidable preparación y la medalla parecía algo probable, pero no sucedió así. Fue un desastre.

No obstante, a nivel local recuerdo dos situaciones particulares con Argelio. Después de derrotar con el Chinandega 8-7 a la Costa Atlántica en el primer partido de la Final de 1989, el mentor de origen cubano indicó: se van en cinco, chico, pero la Costa ganó cuatro al hilo y él se fue en cinco.

Dos años más tarde, en 1991, el Chinandega arrancó con un triunfo también 8-7 ante los Dantos de Omar Cisneros. La pregunté que si ahora sí se irían en cinco juegos sus rivales capitalinos y solo sonrió, pero en los restantes juegos regresó a su optimismo desbordante.

Los Dantos ganaron 7-3 el segundo juego, pero después Chinandega tronó con palizas de 18-1, 12-7 y 12-1 (dos nocauts) en los siguientes tres juegos. “Pon en el diario que hemos bateado como locos y vamos a rematarlos. Esta vez no será igual”, aseguró el timonel.

Pero el remate nunca llegó. Los Dantos, impulsados por una furia incontrolable de Franklin López, quien disparó seis jonrones, dos triples y empujó 20 carreras en la Final, atraparon tres triunfos corridos y le dieron vuelta a una serie que perdían 1-3.

Ahí fueron los Dantos quienes batearon como locos para ganar 12-1, 13-6 y 15-5 (también dos nocauts) y Franklin fue el hombre decisivo. Su slugging fue de 1,310 (alcanzó 38 bases en 29 turnos). Desde entonces, no hemos visto tanta violencia en una serie.

Y aquel impacto de Franklin no fue casual. En Series Finales su promedio fue de .388 (183-71) y tiene récords de 17 jonrones y 56 carreras empujadas. 29 años después sus huellas siguen intactas y hasta estos Dantos de ahora desearían un cañonero de ese calibre.

Otros actuaciones memorables

El leonés Julio Moya solo actuó en dos Finales, pero tuvo balance de 5-0 y 0.43 en 43.2 innings lanzados. Moya logró marca de 3-0 y 0.38, más un juego salvado en 1983 ante el Rivas. León se impuso 4-1 en la Final. Moya ganó tres de los cuatro juegos y salvó el otro.

Luego, al año siguiente, el «Cañón de La Fuente», (La Fuente es la comarca donde nació Moya, en el municipio de La Paz Centro, León) registró 2-0 y 0.45 en 20 innings ante la Costa en 1984. León volvió a ganar el campeonato, pero la serie se fue a los siete partidos.

Ese fue el mismo año en el que Moya ganó la triple corona en el Pomares con 12-2 y 0.14, más 95 ponches. Fue a las olimpiadas a ganarle 4-3 a Canadá con el jonrón de Arnoldo Muñoz en una faena de diez entradas y en el Mundial de Cuba registró 4-0 y 1.87 en 33.2 innings.

El chinandegano Oswaldo Mairena repitió la proeza de 3-0 en una Final. La primera vez lo hizo en 1996, con 3-0 y 0.00 y un salvado con el Bóer ante las Fieras. Metió ocho ponches en 12.2 entradas y las dos carreras que le anotaron fueron sucias.

En el 2006, el zurdo que llegó a las Grandes Ligas, logró 3-0 y 2.53, más el salvado con Matagalpa ante el Granada. El tirador volvió a dar cátedra en el 2008 con los mismos matagalpinos ante los escualos, pero no llegó a tres éxitos, sino que cerró con 2-0 y 0.84.

Marlon Abea del San Fernando bateó .722 (18-13) en 1996 contra el Bóer y ese es aún el promedio más alto en una Final. Nemesio Porras, quien bateó .361 en Finales, sumó 17 hits, 13 anotadas y cinco dobles en 1992 ante el San Fernando, que se llevó la serie.

Sergio Lacayo, Antonio Herradora y Juan Oviedo ganaron cinco juegos en la Final de 1971, que en aquel año se jugó a 12 partidos. El Chinandega de Oviedo se impuso con 8-4 al Granada (7-5), Flor de Caña (6-5) y Bóer (2-9). Lacayo metió tres blanqueadas en un dominio increíble.

Y hay muchos impactos más, como los tres jonrones en un juego de Ernesto López del Granada ante los Leones en 1977, pero la violencia de Franklin López en 1991 siempre está fresca en la memoria de los aficionados.

«Ese tipo me mató. Él solo lo hizo», acostumbraba decir Argelio.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR



con información de : la prensa

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