El cubano Luis Robert parece una leyenda en construcción

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Cuando en febrero del 2016 Yuliesky Gurriel se quedó en República Dominicana durante la Serie del Caribe y decidió ir en busca de su sueño de jugar en las Grandes Ligas, en Cuba las miradas se posaron en Luis Robert, como la inminente nueva cara del beisbol en la isla.

Nacido en Guantánamo, el outfielder tenía entonces 17 años, pero su progreso era claro en sus tres temporadas con Ciego de Ávila. De .125 en su average, había mejorado a .244 y luego a .305. Y justo en la Serie Nacional del 2016, saltó a la cima con .401, 12 jonrones, 11 robos y 40 remolques en 53 juegos.

El problema para Cuba es que al igual que Gurriel, el joven outfielder designado para ser su relevo, también se marchó en noviembre del 2016, después de brillar en la liga canadiense americana, donde resumió .286 (63-18) y enloqueció a los scouts con su impresionante potencial.

Robert fue anunciado como un jugador de cinco herramientas, con un físico impresionante de 6’2 pies y 190 libras, capturado por los Medias Blancas por 26 millones de dólares. A eso súmele 25.2 millones en multa por haber excedido el presupuesto para firmas internacionales. Y antes de su primer turno en las Mayores, un contrato de seis años y 50 millones.

¿Vale tanto Robert? Los expertos consideran que vale cada centavo. “Para mí es comparable con Mike Trout”, dijo el talentoso jardinero dominicano Eloy Jiménez, su compañero en Chicago. “Tiene más talento que Jiménez”, agregó Jim Callis, especialista en evaluar talento para MLB Pipeline.

Robert fue nombrado el Bateador del Año en el 2019 en las Ligas Menores, después de acumular .328/.378/.624 en su línea ofensiva, con 108 anotadas, 32 jonrones, 36 robos y 96 remolques, en la suma de su labor de Clase A, hasta AAA, con estupendos valores a la defensa y velocidad.

En las Grandes Ligas, aún no llega a 15 partidos, pero ha sido como fue anunciado. En su primer turno, le dio hit al boricua José Berríos de Minnesota. Eso no sería curioso sino es porque la bola salió a 115.8 millas de su bate, lo cual habla mucho de su potencial de poder.

Ahí en Chicago, donde el año pasado estaban artilleros poderosos como los cubanos José Abreu, Yoan Moncada, Jiménez o Tim Anderson, solo una vez se le dio más duro a la bola. Y Robert ha atacado con fuerza por donde ha pasado. Ahora lo está haciendo en las Mayores.

Actualmente batea .327 (52-17) con dos jonrones y seis remolques en 13 juegos, pero lo importante, es que todo el potencial del cual se habla, ha sido manifestado en el juego, lo que indica que sin duda es un fenómeno, aún cuando todavía tiene trabajo que hacer con su disciplina en el plato.

El año pasado se ponchó 129 veces en 503 turnos en las Ligas Menores y en cambio, solo recibió 28 bases. Expertos consideran que es muy agresivo y se precipita en el juicio sobre algunos disparos, que expande la zona de strikes, al ir en busca de lanzamientos fuera de su rango de cobertura.

El problema de eso es que en la medida que haga más daño, verá menos strikes o disparos cerca en la zona y si su juicio no se afina, terminará en contactos débiles o abanicará la brisa, pero aún es joven (23 años) y de acuerdo a entendidos, no es nada que no se pueda arreglar.

El tiempo es siempre el mejor juez para determinar qué tan grande será al final Robert, que tiene techos bien altos con figuras como Rafael Palmeiro, José Canseco, Tony Pérez, Tony Oliva y muchos astros cubanos más, sin mencionar lo que quedaron en casa sin tener una oportunidad.

Hace poco le metió un jonrón a Kenta Maeda de los Mellizos. Lo hizo sobre un envío bajito, que me hizo recordar a Pedro José «Cheíto» Rodríguez, un especialista en ese tipo de disparos. Robert está haciéndolo muy bien en su inicio. Vamos a ver qué tan alto se mantiene.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR 

 



con información de : la prensa

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