Cómo se vería la política exterior Biden-Harris #eeuu

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BIDEN-HARRIS
En este contexto resulta útil explorar cuáles serían los elementos centrales que podrían constituir la doctrina de política exterior Biden-Harris.

Todas las encuestas indican que hay una marcada tendencia hacia la victoria electoral del Partido Demócrata. En este contexto resulta útil explorar cuáles serían los elementos centrales que podrían constituir la doctrina de política exterior Biden-Harris.

En primer lugar, consideremos que es altamente probable que Joe Biden abra espacio para que Kamala Harris tenga un todavía no determinado nivel de influencia y capacidad decisoria en la agenda de seguridad nacional, y por lo tanto en la política exterior. Y es que dichos temas han formado parte de la experiencia e intereses de Harris, quien en su momento fuera miembro del Comité de Inteligencia del Congreso, mientras que hay una clara tendencia durante al menos la última década de que los vicepresidentes tengan mayor protagonismo en la toma de decisiones.

Durante las primarias demócratas tanto Biden como Harris dieron luces sobre sus preferencias, prioridades e intereses de política exterior. Ambos políticos coinciden en una visión liberal que busca restablecer el prestigio de Estados Unidos a través de la renovación de alianzas estratégicas (soft power), la reinversión en organismos intergubernamentales y el relanzamiento de un orden internacional globalizado e interdependiente.

En segundo lugar, asumiremos como premisa que Joe Biden, siendo que ha declarado que no aspiraría a un segundo término de llegar a la presidencia, estaría abriendo paso a Kamala Harris como una especie de continuadora del mandato demócrata y progresista.

Al parecer el Partido Demócrata está moviéndose gradualmente para dar paso a lo que podría convertirse en la nueva doctrina política dominante, en perspectiva inclinada hacia la izquierda. Sin embargo, Harris a pesar de tener visión del mundo también moldeada por la política de identidades (identity politics), difiere de otros sectores más progresistas del Partido Demócrata en que está interesada en mantener una relación robusta con Israel, mientras señala y denuncia las tropelías de regímenes autoritarios como China y Rusia, cuando mínimo.

Tanto Biden como Harris son miembros del think tank izquierdista Truman National Security Project, cuyos cimientos ideológicos buscan reposicionar el liderazgo de Estados Unidos basado en los valores de la democracia liberal y un orden político internacional multilateral, así como la promoción de la cooperación internacional y el State Building para crear resiliencia exterior en países con endémicas dificultades económicas y sociales.

Defensa y Seguridad Nacional

En materia de seguridad y defensa, tanto Biden como Harris defienden una reducción del gasto militar y del intervencionismo estadounidense por vía militar. Sin embargo, Harris ha dicho que esa reducción debe hacerse estratégicamente, sin especificar cómo se vería una dicha reducción. En tal sentido podemos esperar como mínimo un congelamiento del gasto militar y una potencial recanalización de recursos hacia el fortalecimiento de las capacidades de ciberdefensa e inteligencia, siendo que Harris ha mostrado un marcado interés en dicha materia durante su servicio en el comité de inteligencia del Senado.

En un contexto en que Estados Unidos está en plena cuarta revolución industrial, Kamala Harris tiene interés en mejorar las capacidades de ciberseguridad del gobierno federal. El espionaje industrial-tecnológico y la interferencia en procesos electorales se encuentran entre las principales preocupaciones que entrarían en la agenda de seguridad nacional.

En cuanto al gasto militar, tanto Biden como Harris han planteado su intención de recortarlo. Para el año fiscal 2021 la administración Trump presentó al Congreso un presupuesto para el Pentágono de $705 mil millones, con una proyección de crecimiento interanual de poco más de 2%. Gordon Adams, especialista de presupuestación militar que sirvió durante las administraciones Clinton y Obama, afirma que es en los primeros meses de llegada a la Casa Blanca cuando el nuevo inquilino tiene mejores oportunidades de incidir en el gasto militar durante toda su administración, y en tal sentido recomienda al equipo de Biden no cambiar la propuesta presupuestaria de la administración Trump, pero dejar claro que habría una reducción de entre 2% y 5% interanualmente.

Sin embargo, siendo que Harris es considerada una política de izquierda más inmoderada que Biden, uno esperaría que trate de incidir en una dramática reducción del gasto militar, pero esto no es lo que indica la evidencia. En julio 2020 el senador por Vermont, Bernie Sanders, presentó una iniciativa para recortar el presupuesto del Pentágono en 10%, a lo que Harris votó en contra aduciendo: “yo inequívocamente estoy de acuerdo con la meta de reducir el presupuesto de defensa y redirigir el financiamiento a comunidades con necesidades, pero debe hacerse estratégicamente”.  Por ello, es probable que la reducción en defensa no se realice de forma demasiado drástica durante una próxima administración demócrata.

Derechos Humanos

Posiblemente uno de los rasgos más distintivos de una doctrina de política exterior Biden-Harris sea la promoción de los derechos humanos, combinada con una agenda a favor de derechos especiales para personas LGBTIQ+.

Harris ha comunicado reiteradamente su desaprobación a los abusos de Beijing contra los musulmanes Uighur, y la violenta represión contra manifestantes en Hong Kong. Por ello, podemos esperar que una administración Biden-Harris promueva sanciones contra Beijing, Minsk, Moscú, Venezuela, y Nicaragua, entre otros, por severos señalamientos de violaciones a los derechos humanos.

China

Sin dudas, el principal desafío estratégico para Estados Unidos es presentado por China, y una administración demócrata puede reconocer eso con claridad. Una China más asertiva y comercialmente robusta representa un desafío tanto de seguridad como de competitividad.

Para hacer frente a China, una administración Biden-Harris tendría interés en cooperar con China en materia comercial y científico-técnica, pero seguramente confrontaría a Beijing en materia de espionaje industrial y derechos humanos. También es plausible que dicha administración impulse la creación o renovación de iniciativas multilaterales para socavar la influencia de China en el arco del Pacífico. Algo como el relanzamiento de la Alianza Transpacífica podría ser retomado en el futuro cercano. También podríamos ver el fortalecimiento de alianzas bilaterales con India, Japón y Corea del Sur, para hacer contrapeso a China.

Sin embargo, existen tendencias sistémicas que difícilmente la próxima administración podrá resolver frente a China, como la innovación en materia tecnológica y la externalización de procesos de negocios basada en costos más bajos de mano de obra, si no se adoptan reformas estructurales que incentiven la modernización de infraestructuras, la innovación tecnológica y la creación de incentivos que renueven el atractivo industrial de Estados Unidos.

Rusia

A pesar de la creativa advertencia de Alexandr Lukashenko, si cae Bielorrusia no necesariamente cae Rusia, y Biden desde que su cargo como vicepresidente de Obama afirmó tener intenciones de “presionar el botón de reiniciar” a las relaciones con Moscú. En tal sentido es muy probable que las relaciones con Moscú se caractericen por la denuncia del autoritarismo de Putin, la desestabilización de Ucrania y la adhesión territorial ilegal, y la búsqueda de cooperación en materia de no-proliferación y seguridad nuclear.

Corea del Norte

El 12 de junio, 2020, Biden publicó un mensaje en Twitter diciendo “dos años después de la reunión de Trump con el dictador norcoreano Kim Jong Un en Singapur, Estados Unidos y sus aliados tienen menos seguridad y el arsenal de armas nucleares y misiles balísticos de Kim continúan creciendo. Fotografías y cartas de amor no sustituyen la disuasión y la diplomacia basada en principios”. Acá el candidato demócrata deja claro que implementará una posición de fuerza frente a Pyongyang, mientras que Kamala Harris, en forma similar a Biden, afirma que no se pueden celebrar logros diplomáticos sin concesiones y compromisos verificables, siendo que la ruptura unilateral de acuerdos es el rasgo más predecible del comportamiento internacional de Norcorea.

Irán

Una administración demócrata muy probablemente buscaría reducir las tensiones con el régimen de los ayatolás, procurando rescatar el controversial acuerdo con Irán para que este no produzca armas nucleares. Biden y Harris han manifestado interés en regresar a Estados Unidos al acuerdo nuclear que además busca limitar las actividades de desestabilización iraníes en el medio oriente.

Israel

La alianza con Israel no corre peligro con Biden y Harris en el poder. A decir verdad, Harris ha dejado claro que, a pesar de la posición de los sectores más progresistas del Partido Demócrata, para ella la alianza con Israel es fundamental para el prestigio y la credibilidad internacional de Estados Unidos, eso sin obviar que tanto Biden como ella están en contra de la expansión de los asentamientos israelíes en Gaza y el banco occidental.

Venezuela, Cuba y Nicaragua

Aunque estos tres países no tienen la misma importancia para Washington, una administración dirigida por Biden y Harris no escatimaría en condenar las tropelías de dichos regímenes contra la institucionalidad democrática y los derechos humanos. Sin embargo, las condenas discursivas y sanciones selectivas formarían la mayor parte de las acciones de política exterior.

En el caso de Cuba, Biden ha afirmado que regresaría a una política similar a la de Obama para procurar el cambio a través de la apertura del mercado y el fortalecimiento de un incipiente sector privado, con las razonables dudas de efectividad que dicha estrategia conlleva.

Sobre Venezuela, la posición de una administración Biden-Harris no cambiaría mucho respecto a lo que hasta ahora se ha visto con la presidencia de Trump. Es poco probable que se produzca una acción militar para liberar Venezuela u otro tipo de acción para derrocar a Maduro.

Nicaragua continuaría dentro del radar de intereses de Washington y podría cobrar fuerza con la realización de elecciones en noviembre de 2021, lo cual muy probablemente produciría nuevas olas de sanciones selectivas contra fichas clave del régimen de El Carmen.

En conclusión, con Biden y Harris podemos esperar una especie de relanzamiento del soft power estadounidense, a través de la reinvención de un orden internacional liberal, el incremento de la influencia en organismos intergubernamentales, el fortalecimiento de alianzas estratégicas y una estrategia más concreta para hacer contrapeso a China.

 

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