Educación emocional para no caer en un sufrimiento innecesario

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La salud mental sigue siendo un tema oculto bajo la vergüenza o el miedo del qué dirán. Durante muchos años, ir al psicólogo o al psiquiatra ha sido signo poco menos que de locura, y de ser posiblemente la comidilla del pueblo.

Para superar este estereotipo y con el objetivo de normalizar el tratamiento de los trastornos mentales igual que podrían ser los físicos, se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental.

Al igual que existen campañas contra el consumo de drogas o para concienciar sobre la conducción responsable, mediante debates o anuncios en los medios de comunicación, los expertos opinan que estas estrategias se deben aplicar a la salud mental.

“Quizás un banner entre la carga y carga del juego del Fornite puede tener más impacto en los jóvenes que un anuncio en la radio”.

Así lo explica en “El Bisturí” José Ángel Alda, vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente, y jefe de gestión del servicio de psiquiatría del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), quien también responsabiliza a padres y escuelas de prevenir posibles trastornos en los más jóvenes.

La salud mental en niños y adolescentes puede verse reflejada de manera distinta a lo que podría mostrar un adulto.

Por ello, José Ángel Alda insta a no normalizar ciertos comportamientos que podrían ser, según se escucha a menudo en boca de algunos padres, “cosas de la edad, que ya se pasarán”.

“Que el niño conteste mal, esté siempre irritado o se porte mal con sus compañeros, no significa que sea un ‘malote’, sino que lo está pasando mal por dentro. Hay que darse cuenta antes de que el trastorno avance y puedan llegar a autolesionarse”, advierte Alda.

Más frecuente de lo que parece

A pesar de que la COVID-19 sea una catástrofe actual, el suicidio sigue siendo el mayor problema público en Europa.

En el mundo, una persona se suicida cada 40 segundos y por cada suicidio consumado otros cientos lo intentan. Una “tragedia”, califican los expertos, que todavía no se ha asumido por la población.

Nel González Zapico, presidente de la Confederación Salud Mental España, refiere la falta de voluntad política y de una atención y seguimiento precarios.

En la actualidad, solo existe el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) en Europa, por lo que los expertos reclaman la implantación de un teléfono de tres cifras que proteja a la persona antes y después de tener tentativas suicidas.Dos elementos que se han visto retrasados en su mejora con la aparición del coronavirus, claves para evitar las 3.500 muertes anuales provocadas de forma intencional en España.

Nel González reclama una participación más efusiva por parte del Estado para crear campañas de prevención.

“Hay que educar a la población y, sobre todo, a la gente joven en la escuela. La vida no es todo éxito. La vida es la vida. O lo aprendemos o podemos embarcarnos en un sufrimiento innecesario”, razona González Zapico durante su intervención en “El Bisturí”.

Falta de profesionales en la atención primaria

Ante una crisis sin precedentes, los trastornos mentales han aumentado de forma exponencial.

“En cuestión de pobreza hay una relación causal, pero bidireccional. Es decir, que la salud mental puede generar problemas de bienestar socioeconómico y viceversa”, expone Roger Muñoz, miembro del Consejo General de la Psicología, doctor en psicología, profesor e investigador en el ámbito de salud mental.

A esto se le añade la imposibilidad de ser atendidos por profesionales en cuanto se necesita. La atención primaria se ha visto desbordada muchas veces, pero no con tanta intensidad como lo ha hecho en el último año desde la aparición de la COVID-19.

“Hay que reforzar los servicios públicos, sobre todo, en la atención primaria con médicos y enfermeras, pero también mediante el refuerzo de psicólogos clínicos”, plantea Roger Muñoz durante la entrevista en el programa de radio de EFEsalud.

Entre el 30 y 40 por ciento de las consultas están relacionadas, asegura Muñoz, con trastornos mentales. Sin embargo, la falta de profesionales en la atención primaria genera grandes listas de espera que, a su vez, pueden agravar el trastorno del afectado.

Los profesionales públicos se han visto desbordados por lo que los tratamientos psicológicos, que son los más efectivos para trastornos emocionales, según Muñoz, han sido sustituidos en gran medida por tratamientos farmacológicos. Una solución fácil ante una alta demanda que no puede ser satisfecha.

“Observamos que el consumo de antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos ha sido constante. Está habiendo un tratamiento farmacológico que no debería hacerse”, denuncia Roger Muñoz.

“El futuro debería ser la infancia y la adolescencia. En las escuelas deberíamos proporcionar herramientas psicológicas para los maestros y refuerzo con un psicólogo. Puede ser un gran componente resiliente en el presente, pero también para el futuro”, concluye.

EFE

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