¿Lo conoces? | Síndrome de la mamá cansada

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Ser mamá es un trabajo completo. Estás criando a la o las personitas que han nacido de ti y eso obviamente, requiere mucho empeño, amor, tiempo y cariño. Vale la pena atender a un bebé o a un niño 24 horas por 7 días de la semana, sin descanso, con noches de mal dormir.

A pesar de que es una tarea que las mamás disfrutan profundamente, pues cada día aprenden cosas hermosas de sus hijos, es común encontrar mamás y algunos papás que padecen el síndrome burnout, el cual está relacionado con el cansancio extremo, generado por atender a los hijos durante todo el día.

El síndrome de burnout es una reacción fisiológica que se da cuando un ser humano ha estado sometido a un periodo de estrés intenso y prolongado, desde el punto de vista físico y emocional. Se trata de un problema común en los profesionales que trabajan en contacto directo con las personas en situaciones de gran tensión, estos pueden ser médicos y enfermeras por ejemplo.

SÍNDROME BURNOUT

Sintomatología.-

Dolores articulares, Dolores de cabeza intenso, trastornos gastrointestinales, insomnio, cansancio, aislamiento del entorno o problemas para relacionarse, ansiedad, sensación de soledad y depresión, sensación de frustración, problemas de concentración y continuas ganas de llorar.

El síndrome de burnout se genera por medio de la sensación de falta de control que sienten muchas madres respecto a la relación que tienen con sus hijos. Muchas mujeres sienten una necesidad excesiva de ser madres perfectas, sobreproteger a sus bebés y evitarles todo tipo de problemas. Pero recuerda que sin error, no hay aprendizaje. Este estilo de crianza sobreprotector denominado hiperpaternidad, acelera aún más el agotamiento y aumenta el estrés de la madre y/o el padre.

Recuerda que antes de ser madre, eres un ser humano. Reserva horas para ti, busca un hueco para entretener a tus hijos por las tardes con alguna actividad, y haz lo mismo contigo. Procura relacionarte con otras mamás que estén pasando por la misma situación. Sal a despejarte, mantén contacto físico con aquellas viejas amistades de la adolescencia o infancia.

Si un día sientes que ya no puedes más y que el estrés te supera, no tiene nada de malo encargar a los niños un rato con una persona de tu confianza. Puede ser tu madre, quien con este detalle, seguro será la abuelita más feliz del mundo. Aléjate, respira y vuelve a tomar el control sobre ti. La compasión hacia ti misma es el primer paso. Basta de exigirte demasiado, todo tiene un límite.

Las mujeres nos exigimos demasiado porque queremos ser la mamá perfecta. Pero como dice el dicho: «la madre perfecta no grita, no se desespera, no pierde la cordura y, sobre todo, no existe». Deja de preguntarte si lo estás haciendo bien o no. Guíate por la intuición, esta marcará el camino por el cual por fin sentirás que fluyes en tiempo real con las circunstancias.

Soy Carmín

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