4 consejos para prevenir y manejar las rabietas en los niños

Los 2 años son una de las edades más temidas por los padres, ya que es alrededor de este momento cuando aparecen las rabietas en los niños. Gritos, llantos, golpes, negativas a obedecer, resistencia a las instrucciones paternas. Son muchas las conductas infantiles que surgen en esta etapa y pueden desconcertar y poner a prueba a los progenitores.

Irse del parque, entrar en la bañera o salir de ella, lavarse los dientes, vestirse… cualquier actividad cotidiana puede desencadenar un berrinche. Y si no se comprende bien lo que está sucediendo, es fácil perder los nervios y reaccionar de una forma poco adecuada. Por ello, queremos explicarte a qué se deben las rabietas en los niños y cómo puedes prevenir su aparición.

¿Por qué hay una etapa en la que los niños hacen muchas rabietas?

Las rabietas son una parte normal del crecimiento infantil y están relacionadas con el desarrollo cognitivo y social de los más pequeños. Hasta este momento, el niño ejercía un rol pasivo, siendo cuidado y atendido por los padres. Además, aún no era capaz de percibirse como un ser independiente, con sus propios deseos e intereses.

A partir de los 18 meses esto comienza a cambiar; el pequeño toma conciencia de sí mismo y desea expresar su carácter y desenvolverse de manera más autónoma. “Sabe” lo que quiere, pero no tiene control sobre su propia vida. Además, no cuenta con herramientas para expresarse. Así, cuando sus deseos no son satisfechos, lo que queda es recurrir a las rabietas.

Llanto por rabieta en un niño.
Las rabietas son una expresión del desarrollo infantil esperable a cierta edad, sobre todo alrededor de los 2 años.

Consejos para prevenir las rabietas en los niños

Esta etapa puede prolongarse hasta los 4 años, sin embargo, no todos los niños la viven de la misma forma. Su propio carácter y el modo en que los padres manejen las rabietas serán determinantes. Por ello, te compartimos algunas pautas para prevenir su aparición.

1. Evita posibles desencadenantes

Tal vez hayas comprobado que tu hijo es más propenso a tener una rabieta cuando está hambriento o cuando se encuentra cansado o sobreestimulado. Si es así, puedes tomar ciertas medidas para evitar que esto ocurra.

Ante todo, trata de establecer un horario y una rutina en la vida de tu hijo y apégate a ella. Procura no excederte de la hora de la comida o de la siesta y ajusta el resto de actividades a estas necesidades básicas. Llevar siempre un tentempié para ofrecérselo al pequeño también puede ayudar.

2. Avísale con antelación

Cuando los niños se encuentran inmersos en una actividad que les resulta agradable, es normal que no deseen abandonarla. Por ello, avísale 5 o 10 minutos antes de que os iréis del parque o de que tendrá que dejar de jugar para ir a cenar.

A pesar de ello, puede oponer resistencia, pero le resultará más sencillo hacerse a la idea si le avisas con anticipación de lo que va a suceder. Ellos son capaces de entender esto.

3. Sé flexible

Muchas de las rabietas surgen cuando los adultos nos empeñamos en imponer nuestra voluntad. Recuerda que tu hijo está comenzando a definir su carácter y desea sentirse más autónomo. No hay nada de malo en darle pequeñas parcelas de libertad para decidir.

Para esto puedes darle a escoger entre varias opciones que se encuentren dentro de tus límites. Por ejemplo, permítele decidir en qué taza quiere tomar el desayuno, si prefiere ver unos u otros dibujos animados o si desea ponerse la camiseta azul o la roja.

Hay decisiones innegociables (por ejemplo, abrocharse el cinturón de seguridad en el coche o ponerse un abrigo al salir a la calle), pero en muchas otras hay margen para la flexibilidad.

4. Valida sus emociones

Las rabietas se producen porque el niño aún no sabe gestionar y expresar adecuadamente sus sentimientos. Por ello, educar en inteligencia emocional es muy útil.

Cuando tu hijo experimente una emoción reconócela y valídala. Hazle saber que entiendes cómo se siente y que tiene derecho a sentirlo. De esta manera, si ofreces un espacio a sus sentimientos, no necesitará expresártelos con gritos.

Consideraciones extras sobre las rabietas en los niños

Las anteriores pautas pueden ayudar a prevenir la aparición de las rabietas. Pero, ¿cómo actuar si ya se han desencadenado? Ante todo, evita perder el control de tus actos y de tus palabras.

Ten siempre presente que el niño no está tratando de humillarte en público; solo es incapaz de controlar sus emociones. Opta por la empatía y acompáñalo con amor y con paciencia. Cuida de que, con sus actos, no se dañe a sí mismo ni a otros, pero más allá de esto, permítele expresarse y, cuando se calme, recíbelo sin rencor.

Madre habla con hija tras una rabieta.
El rol de los padres debe ser superador del de los niños con las rabietas para no aumentar el problema.

Las rabietas son un desafío

Las rabietas en los niños pueden resultar duras y desafiantes para los padres, pero ellos también sufren la frustración y la falta de recursos para expresarla. Por lo mismo, es tarea de los adultos actuar con respeto y amor, siendo así un ejemplo positivo para los más pequeños.

Gritar o agredir solo creará resentimiento y perjudicará el vínculo afectivo y el desarrollo emocional del menor. No proporcionará ningún aprendizaje ni terminará con las rabietas. Practica la empatía y procura tratar a tu hijo como a ti te gustaría ser tratado.

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