Los «útiles sonoros» con los que Orellana reimaginó la música llegan a EE.UU.

En una sala de la Americas Society, en el norte de Manhattan, descansan los «útiles sonoros» de Joaquín Orellana, instrumentos musicales que parecen de otro planeta pero que salieron de la extraordinaria imaginación del artista guatemalteco que, fascinado con la música electrónica en los años 60, y empujado por la falta de tecnología en su país, se lanzó a reproducir esos sonidos.

Expuestos por primera vez en EE.UU., los visitantes de la muestra de instrumentos, titulada «The Spine of Music» (La espina dorsal de la música) en honor al particular aspecto de su Imbaluna (1984), se adentran en el mundo mágico de Orellana de ondulaciones infinitas, placas metálicas de aspecto monstruoso o regaderas modificadas que emiten misteriosos sonidos.

Hasta finales de los años 60, Orellana vivía dedicado a la música tradicional de Guatemala, volcado sobre todo en la marimba y sus láminas de madera, hasta que una beca le llevó al Instituto Di Tella de Buenos Aires entre 1967 y 1968, donde, entre otras cosas, descubrió la música electrónica.

BUENOS AIRES LE CAMBIA LA VIDA

«Cuando volvió a Guatemala se dio cuenta de que no podía seguir haciendo lo que iba haciendo hasta entonces, escribir música tradicional o marimbas, que es un instrumento importante en Guatemala, y decidió ir a otro lado», cuenta a Efe el director de música de la Americas Society, Sebastián Zubieta, que además es uno de los comisarios de la muestra, expuesta hasta el 24 de abril.

«Lo que había escuchado le había interesado tanto que ya se imaginaba otras cosas. Creo que estos instrumentos son el resultado de construir una manera de crear estos sonidos que él imaginaba, porque lo que él imaginaba ya no se lo podía dar un violín o un piano, necesitaba estas cosas», asevera.

Cuando Orellana volvió a Guatemala tras su paso por Buenos Aires, reparó en que el país no contaba con la tecnología suficiente como para poder hacer música electrónica, ya que por aquel entonces la informática estaba aún en las fases iniciales, y un solo ordenador, por ejemplo, llegaba a ocupar una sala entera.

«Se dio cuenta de que no era tan fácil tener acceso a un laboratorio de música electrónica. Había muy pocos en el mundo. (….) Era una cosa muy trabajosa y muy cara y había solo 5 o 6. En Caracas, en Buenos Aires…», señala Zubieta.

UNA BÚSQUEDA DEL SONIDO

«Entonces necesitaba encontrar una manera de imaginar esos sonidos. (…) Fue toda una búsqueda del sonido, que no podía obtener de otra manera. Entonces dijo: ‘o renuncio a esa búsqueda o me invento los instrumentos’, y por suerte se inventó los instrumentos», asevera.

Aunque en distintas zonas del mundo la música electrónica ya venía desarrollándose a finales de los años 60, en Latinoamérica, según los expertos, Orellana, de 90 años, fue de los primeros en interesarse por ese novedoso género, y de hecho se cree que una de las piezas musicales que compuso mientras estudiaba en Buenos Aires, «Meteora», es la primera obra electrónica escrita únicamente por un compositor centroamericano.

La sonarimba fue su primer instrumento, que inventó en 1971 y que aún cuenta con la esencia de la marimba, que se considera uno de los símbolos nacionales de Guatemala.

Se trata de un trozo de bambú hueco dentro del cual se desplaza un objeto circular, que al golpear con los extremos, donde hay piezas de madera, crea un fuerte sonido reverberante.

La marimba también la utiliza en sus llamativos y voluminosos sinusoidos (1996), que constan de una estructura metálica de forma circular con ondulaciones, sobre la que sitúa láminas de madera, de forma que las baquetas pueden golpear estas teclas de forma ininterrumpida, creando una melodía hipnótica.

PRECURSOR DE LA MÚSICA ELECTRÓNICA

«En cierto sentido es uno de los precursores (de la música electrónica) dentro de la región y sin duda había poca gente haciéndola en ese momento porque la tecnología era muy difícil de obtener», explica el comisario.

Y aunque la idea inicial de Orellana fue la de tratar de imitar los sonidos de la música electrónica que tanto le fascinaron en Buenos Aires, después tomaron vida propia, y los instrumentos no solo producen ruidos extraordinarios, sino que además son obras de arte visuales.

«Los instrumentos emiten sonido, pero no tienen cualquier forma. La forma también es hermosa escultóricamente, por eso es una exposición conjunta entre música y artes visuales», dice Zubieta, que señala que, junto a las piezas del guatemalteco, se han expuesto piezas de jóvenes artistas que han pasado tiempo con él y que han producido sus propias obras pictóricas y audiovisuales.

Entre ellos, el video «Orellana’s Fantasia», de Carlos Amorales, la serie de cuadros «Future primitive», de Akira Ikezoe, o «Untitled» de Alberto Rodríguez Collía.

«Queremos destacar la relación de él con otros artistas de nuevas generaciones y de muchas disciplinas, porque es una persona de gran efecto», apunta.

Fuente: EFE

Autor: Redacción – El Clarín
Fecha de publicación: 2021-02-17 12:57:51
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