Pensionados y discapacitados rozan la miseria: LPL

La pensión de los abuelos venezolanos es de 1 millón 200 mil bolívares, por lo que les ha tocado salir a la calle para pedir limosnas para medio comer.

Bajo el sol inclemente de Barquisimeto, ancianos con alguna discapacidad se ven trabajando en el comercio informal, ofrecen chucherías, cigarrillos, agua envasada y hasta tapabocas de confección casera, reportó La Prensa Lara.

Otros aún más delicados en muletas o sillas de ruedas, piden dinero para sobrevivir. Y aunque la piedad de los ciudadanos prevalezca, lo que consiguen no les alcanza para cubrir gastos médicos ni tratamientos. Con suerte pueden llevar a casa un kilo de harina y medio de granos.

Luis Salguero es un septuagenario que sufre las consecuencias de la fractura de su pierna tras ser atropellado por una moto. Se protege del sol con una camisa manga larga a medio abotonar y una gorra desteñida. A veces siente que sus chancletas desgastadas casi se derriten en sus jornadas diarias entre las avenidas Bracamonte con Venezuela. Allí está atento al cambio de luz roja del semáforo y esos segundos se desplaza hacia varios vehículos, algunos conductores que ni bajan el vidrio de las ventanas, pero él extiende su mano, con toda la esperanza de poder garantizar dinero en efectivo que le permita comprar comida.

«Me ha tocado meter la mano en la basura para buscar comida», susurra de esos momentos apremiantes cuando el hambre es incontrolable. Luego del accidente no pudo seguir trabajando en una fábrica de calzados donde prestaba servicio, y no quiere ser un peso más para sus hijos, quienes viven en la Ruezga Sur, por lo que pasa sus noches durmiendo frente a la Flor de Venezuela.

La Asociación de Pacientes con Discapacidad de Lara registraba en el 2017 un total de 200 trabajadores activos en empresas privadas y públicas, en respeto al artículo 29 de la Ley de las Personas con Discapacidad, ahora arrastrados por los embates de la pandemia y las limitaciones económicas, quedan sólo 50.

Henry Véliz, representa una clara historia de esos pensionados que salen día a día a la calle. Con 65 años el hombre saca una fuerza y unas ganas de trabajar que resultan contagiosas. Se pone su chaleco y se va desde temprano al centro, donde funge como cuidador de carros. Cuenta que hay días que hace hasta Bs. 2 millones y a pesar que tampoco representa un alto ingreso, es un monto mayor al que le paga el gobierno por concepto de pensión.

«Ya tengo casi nueve años trabajando con esto y es una manera de generar ingresos porque la pensión lo único que me alcanza es para pagar los pasajes de ida y venida al banco pues vivo en la zona norte y es más costoso» dijo Véliz. Contó que gracias a Dios no sufre de ninguna enfermedad, sino de los «achaques» típicas de las personas de su edad. Narra que recibe ayuda de sus hijos, quienes viven en el oriente del país, pero por la misma situación también se ven con la soga al cuello y por eso sale a trabajar.

Pulse aquí para leer la nota completa en La Prensa Lara. 

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