La respuesta correcta sobre la existencia o inexistencia de Dios: Braulio Jatar Alonso

La respuesta correcta sobre la existencia o inexistencia de Dios: Braulio Jatar Alonso

En mi libro Dios interno- Dios externo señalo que el dilema se ha planteado de forma equivocada. Nunca ha sido “ver para creer, al contrario es creer para ver”.  Albert Einstein dijo “Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro”.  Siddhartha Gautama (Buda) dijo sobre los milagros que estos ocurren todos los días. En lo que algunos han señalado como sus 13 consejos para enfrentar la vida, insertan como último el que dice que “los milagros ocurren todos los días, y nosotros somos responsables de los mismos”

Cambiar la conciencia es modificar la percepción que tenemos de las cosas. Es la forma como reaccionamos, la que moldea el evento y no viceversa. Ese cambio de percepción de la vida, hace posible la sucesión de incidentes que modifican los hechos. Si ante una situación activamos pensamientos, emociones y palabras negativas, de inmediato abres las sendas a fuerzas de iguales características. Por el contrario, si ponemos en la cadena un eslabón positivo, los anillos que corren a continuación brillarán por contagio. Esto es parte de los milagros que puedes palpar todos los días.   

Los milagros sólo son posibles si tal y como lo hemos dicho, sigues la fórmula de creer para ver. En lo primero que debes creer es en ti para lograr que se produzca ese evento extraordinario. Tomemos en cuenta que al creer en algo lo estamos creando, es decir le estamos dando vida. Nuestra posición no es huérfana, tiene como progenitores a varios físicos cuánticos.

El tema con los milagros y los dioses es una especie de pregunta retórica; es decir, forma parte de esas interrogantes de las que no se esperan auténticas respuestas. Milagros y todopoderosos se aceptan o no. Es como discutir sobre cómo es posible que la nada exista. Parece un contrasentido, pero sabemos que la nada existe. Por lo tanto, si hubo nada antes de la existencia, esa nada tuvo presencia previa. Cuando un ateo -hago la aclaratoria de que yo no me defino dentro de ninguna categoría-, dice no creer en Dios, en realidad lo que hace es negarle existencia a algo que él ha definido y de cierta forma al hacerlo le  ha dado entidad. Es decir, que al tener a Dios en el pensamiento, lo ha moldeado y sin poder usar ningún método científico para probar su inexistencia, ciertamente lo ha creado en la mente sin poder desdibujarlo por medio de la ciencia. (Dios interno- Dios externo)

Es como en los tribunales terrenales, en donde al procesado no lo declaran “inocente” sino “no culpable”; conceptos que  no significan lo mismo. La sentencia de “no culpabilidad” lo que demuestra es que la parte acusadora es incapaz de probar más allá de toda duda razonable, que el acusado cometió el delito. Por el contrario, la de “inocente” se obtiene cuando la parte defensora con pruebas irrefutables demuestra (cosa que no está obligada a hacer)  que su representado es inocente. En ambos casos la carga de la prueba produce resultados que aunque parecidos no son iguales. En el caso del Todopoderoso a ateos y creyentes se les hace imposible cumplir con las mismas exigencias que a la parte acusadora o defensora  en el juicio ordinario. Ninguna de las dos partes  puede  probar más allá de toda duda razonable la existencia o inexistencia de Dios. Aunque sea difícil reconocerlo los ateos tienen tan pocas pruebas como los creyentes.

Hay una hermosa historia de Siddhārtha Gautama, Gautama Buda o simplemente Buda:

Una mañana un hombre le preguntó: «¿Existe Dios?».

Buda miró al hombre a los ojos y le -dijo: «No, Dios no existe».

Ese mismo día, por la tarde, otro hombre le preguntó: «¿Qué piensas acerca de Dios? ¿Existe Dios?».

Buda miró al hombre a los ojos y le dijo: «Sí, Dios existe».

Luego, a la puesta de sol, otro vino con una pregunta muy parecida aunque formulada de forma distinta. El hombre dijo: «Hay gente que cree en Dios y hay gente que no cree en Dios. Yo no sé a quien creer. He venido a pedirte ayuda».

Buda; no habló, cerró los ojos. El hombre, al ver a Buda sentado con los ojos cerrados, pensó que quizás era esa la respuesta, así que se sentó junto a él con los ojos cerrados.

Transcurrió una hora y el hombre abrió los ojos, tocó los pies de Buda y dijo: «Tu compasión es grande. Siempre te estaré agradecido por haberme dado la respuesta».

Un seguidor de Buda que habia  visto los tres eventos le preguntó ¿Me puedes explicar qué significa todo esto?». Buda dijo:

 El primer hombre era un teísta y quería que le reafirmase en su creencia de Dios. Vino con una respuesta -una respuesta hecha- solamente para que le reafirmase en su creencia y poder decir: «Estoy en lo cierto, incluso el propio Buda me ha dado la razón.» Por eso le he dado esa respuesta, solamente para perturbar su creencia, porque creer no es conocer.

El segundo hombre era un ateo. También ha venido con una respuesta, una respuesta hecha -que Dios no existe-, y quería que le reafirmase en su incredulidad para poder decir que pienso como él. Tuve que decirle: «Sí, Dios existe.» Pero el propósito era el mismo.

.»El tercero era un verdadero buscador Y la única ayuda que podía darle era una experiencia de consciencia silenciosa; las palabras son inútiles. Y cuando he cerrado mis ojos ha entendido el mensaje.»

En nuestro libro lo decimos de esta forma: “Creer para ver”, es una especie de quiasmo, del «ver para creer» de Santo Tomás, pero en la medida en que se adentren en su irrefutable existencia, se darán cuenta de la sabiduría de la frase

Braulio Jatar Alonso

Abogado Comunicador Escritor Profesor

Libro Dios interno- Dios Externo

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