La eterna semana santa asuntina. Por Manuel Espinoza Melet

La eterna Semana Santa asuntina

Por segundo año consecutivo, no tendremos las procesiones de la Semana Santa por las calles de la ciudad capital; el Covid-19 ha logrado desvanecer una de las manifestaciones de fe más espectaculares de Venezuela. A pesar de ello, el asuntino está consciente del inmenso valor que tiene la bioseguridad, el continuar con la lucha contra esta terrible y dantesca pandemia; la cual, ha cobrado la vida de muchísimas personas y ha mantenido bajo estricto tratamiento médico a otro importante segmento de la humanidad. Esta Semana Mayor se presenta de manera muy especial, porque la oración y el recogimiento espiritual serán inequívocas. Estaremos, los días santos, bajo custodia en nuestros hogares, con extraordinario seguimiento de las actividades programadas por la Iglesia bajo la modalidad virtual, pidiendo a Dios Todopoderoso que nos acompañe en el hermoso tránsito de afianzamiento de la devoción.

Sin lugar a dudas, la familia se verá mucho más fortalecida y el reencuentro con nuestros amigos será un claro reflejo de que la tormenta ha cesado y resplandecerá un bello amanecer. El domingo de ramos, la palma real del cerro El Copey bendecirá las calles de nuestro pueblo; el martes santo, sentiremos la humildad y paciencia, la misma que tuvo Jesús, con resignación a las vejaciones, el maltrato y la incomprensión. Nuestro Señor asumió con solidez el cumplimiento de su misión, es el hijo de Dios, Salvador del mundo. Así debe mantenerse nuestra fe, así debemos afrontar nuestras penas, con humildad y paciencia, como lo hizo Jesucristo en la terrible escena de su martirio. El miércoles santo, transitaremos junto a Jesús el camino hacía el Gólgota, con el peso de la cruz y los dolores propios de las torturas y vejaciones de las cuales ha sido víctima. Todo estaba escrito y nuestro Señor estaba consciente y obediente, con su dolor y sacrificio nos protegía y perdonaba del pecado, sin aspaviento ni lamentaciones, enseñándonos el amor a Dios y su infinita Misericordia.

A las siete de la noche, sentiremos la ejecución de la magistral marcha “Nazareno” y, desde nuestros hogares, recordaremos la preciosa escenificación en la plaza Gómez, del encuentro de Jesús con la Dolorosa, la Magdalena y San Juan, imágenes que acompañan al Nazareno en su paso procesional por el casco de la ciudad, hasta su ingreso a la Catedral a las doce en punto de la noche, bajo los acordes de la marcha regular. El jueves santo, el acelerado paso de la procesión del Santo Cristo, será evidencia de la enseñanza de Jesús. Hoy, nosotros como buenos católicos debemos valorar y comprender el profundo amor de Jesús por la humanidad, su entrega absoluta y generosa, sin rencores y odios. El viernes santo, escucharemos las marchas “Gólgota”, “Popule Meus”, “Sepulcro de la Asunción” y “Crepúsculo”. Luego a las doce del mediodía, sentiremos la ejecución del cuarto redondo de una hora en la esquina de la calle Rodulfo.

El domingo de resurrección, es un día glorioso para todos los cristianos, porque Jesucristo Nuestro Señor ha vencido a la muerte. Jesús resucita al tercer día de entre los muertos, en su gloriosa perfección nos enseña que la muerte no está asignada para Él. La Asunción, una vez culminada la Semana Mayor, siempre vuelve a su ritmo cotidiano, caracterizado por el silencio de sus calles y los encuentros de familiares y amigos, las actividades de índole cultural y la asistencia a la Catedral. La Asunción y toda Venezuela, dentro de poco tiempo, escenificará uno de los eventos católicos más esperado por los venezolanos: la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros, la cual cubrirá de alegría y esperanza a toda la feligresía, fortaleciendo los cimientos de la fe y cristalizando los caminos de evangelización. El beato cubrirá de bienestar a su pueblo, caminará de su mano en el alivio de las calamidades y, por supuesto, seguirá siendo una luz guiadora en la restauración del país. El año que viene, será de concreción en la vacunación mundial; el Covid19 está siendo derrotado y florecerá nuevamente la felicidad. La salud estará mejor concebida, la población asumirá con mayor determinación y sentido de responsabilidad todos y cada uno de los protocolos conducentes a la prevención de las enfermedades.

Afortunadamente, el mundo comprendió que la pandemia es real y que se combate con todos los medios que ofrece la ciencia y los protocolos de bioseguridad, a fin de evitar la propagación del virus y de cualquier otra enfermedad de fácil transmisión. A pesar de que La Asunción alberga un profundo dolor, producto del impacto generado por la pandemia, en los asuntinos palpitará el profundo e inequívoco fervor de religiosidad, asumiendo el compromiso de adoración a Dios Todopoderoso y eterno, en la claridad y seguimiento permanente de su palabra. Nuestra Semana Santa asuntina seguirá manteniéndose, con la misma fuerza y el ímpetu cristiano, nada podrá detener al paso procesional, así como al palpitante y fluyente sonido de las trompetas, clarinetes y trombón; tampoco se podrá silenciar el estridente golpe del redoblante con su ajustado cuero. Los cargadores seguirán siendo los celosos custodios de nuestra hermosa tradición, sus rodillas continúan en resguardo, esperando el llamado de Dios y del pueblo asuntino, para de esta manera, cumplir fielmente con el compromiso asumido.

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