El ingeniero trujillano que estudia los suelos de Chile en proyectos de altura

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Santiago de Chile.- Cuando Luis Daniel Bastidas Calderón, de 38 años, llegó a Santiago de Chile, en diciembre de 2017, su vida, como sucede con la mayoría de los migrantes criollos, registró un vuelco en todos los ámbitos, pero principalmente en el plano laboral.

Mientras esperaba la respuesta a su solicitud de visa temporal, este ingeniero geólogo graduado en la Universidad de Los Andes (ULA), con diplomado en Geotecnia en la Ucab, empezó a trabajar en un pequeño restaurante de Ñuñoa.

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Luis, quien en Venezuela cosechó una experiencia importante como inspector de obra, en geotecnia, movimientos de tierra y evaluación de riesgos geológicos, venía de vivir año y medio en Bolivia, donde trabajó en la supervisión geológica/geotécnica en la construcción de un proyecto hidroeléctrico.

“Las jornadas eran fuertes, pero aprendí varias cosas bien útiles de comida peruana y japonesa que aún sigo aplicando, pero en mi casa”, detalla quien, luego de esa etapa, preparaba comida en barra y se desempeñaba eventualmente como mesero en un local de comida de la misma comuna. “La mayoría de los empleados en ambos sitios éramos venezolanos con estatus migratorio similar en ese momento”, agrega.

Fue a través de su último jefe en ese país que conoció a un ingeniero venezolano de amplia trayectoria laboral en Chile y con su propia empresa consultora. “Él necesitaba a alguien que lo asistiera como asesor geotécnico y me dio la oportunidad, que no solo fue una oportunidad laboral en mi área, sino una oportunidad de conocer el mundo de la geotecnia en Chile», expresa.

Un trujillano en proyectos de altura

Adicionalmente, debido al carácter temporal del empleo —detalla el ingeniero geólogo—, recibió consejos muy útiles para entrar a trabajar en proyectos de mayor envergadura con empresas más grandes. “Realmente aprecio mucho el impulso que tuve allí, donde laboré unos seis meses”, recuerda.

Así, en diciembre de 2018, luego de un proceso de selección de un par de meses al que postuló en alguna página de empleos, este trujillano apasionado de la fotografía comenzó como ingeniero de proyectos y hoy trabaja en la región de Tarapacá, en una de las operaciones mineras de cobre más importantes de Chile y del mundo: Quebrada Blanca 2.

“Me desempeño principalmente en terreno, como asesor geotécnico durante la construcción. También he participado en campañas exploratorias previas en las que se generan los estudios que determinan las condiciones de suelos y rocas para fundar estructuras, construir caminos y tender líneas de tuberías”, sostiene.

Bastidas, trujillano apasionado de la fotografía, agradece el impulso que recibió de un colega y compatriota en Chile. | Foto Luis Bastidas

Su experiencia profesional en Chile la califica como muy gratificante, pues ha tenido la oportunidad de participar en proyectos importantes. Actualmente se encuentra enfocado en uno que se construye en la región de Tarapacá: Quebrada Blanca 2.

“Me han sorprendido gratamente los altos estándares de seguridad con los que se trabaja y la búsqueda continua de mejoras. Aunque no me resulta sorpresivo, debido a lo bien posicionadas que están las principales universidades chilenas en Latinoamérica. Debo decir que hay muy buenos profesionales en todas las áreas asociados a estos grandes proyectos, con gran preparación académica y amplia trayectoria profesional”.

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—¿Cómo valoras a los venezolanos migrantes en el mundo y en Chile?

—Aunque hemos emigrado de manera forzada, creo que la gran mayoría quiere trabajar honestamente y aportar positivamente en los países receptores.

—¿Qué percibes de ellos?

—Me parece que hay excesiva nostalgia por lo que dejamos atrás: ciudades, pueblos, familia, amigos; pero a medida que pasa el tiempo nos vamos asentando en el país que nos recibe y los planes de regreso se van diluyendo porque edificamos una nueva vida.

—¿Que es lo que más te gusta y lo que menos de Chile como sociedad?

—Me gusta que, aunque es un país centralizado (como casi todos en Sudamérica), se valoran las características de cada región tanto en lo cultural como en lo geográfico. Lo que menos me gusta es el clasismo y el resentimiento resultante. Eso es caldo de cultivo para que las propuestas de extremistas, sobre todo de izquierda, ganen terreno.

—¿Sientes que eres una influencia positiva?

—No lo sé, pero al menos espero no ser influencia negativa.

—¿Qué mensaje le das a la migración venezolana en Chile y el mundo?

—Debemos siempre ser respetuosos con el país que nos recibe; eso incluye la forma de ser que caracteriza a su gente, la gastronomía, cultura, paisajes y (muy importante) las leyes. Hay que recordar que, de una u otra manera, cada uno es como un embajador y, dependiendo de las actitudes que tengamos, reflejaremos la Venezuela buena o la Venezuela de quienes provocaron la crisis. Creo que no podemos olvidar la crisis nacional que nos forzó a salir y que tenemos la obligación moral de contarlo cuando nos pregunten, para evitar que esa debacle se repita.

Por @CronicasDeChile

Redacción El PitazoMigración

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