El vídeo viral que te muestra las terribles consecuencias de gritar a los niños

¿Te has preguntado alguna vez qué pasaría si, en vez de chillar a tu hijo, le dijeses las cosas de una forma calmada e, incluso, con amor? El vídeo de Las Vidas de Mario (Shire), muestra cómo en la vida de un niño, la actitud de un padre puede cambiarlo todo. De hecho, tal y como explica la psicóloga Úrsula Perona, autora de ‘Hijos de Alta Demanda’ (Toromítico), «si gritas mucho a tus hijos, si pierdes los papeles, si no te gusta cómo les hablas… Tiene que ver más contigo que con ellos. La buena noticia es que darte cuenta y tomar conciencia de esto es el primer paso para trabajar aquellos aspectos que están provocando situaciones como las que se ven en este vídeo».

Cierto es que Mario, el protagonista, está diagnosticado con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), pero el mensaje, advierte Perona, «es universal y vale para todos los padres». De hecho, prosigue, «si fuéramos conscientes del poder que tienen las palabras sobre nuestros hijos, y las heridas que podemos hacerles, haríamos lo imposible por cambiar este lenguaje. Muchos traumas y heridas de la infancia tienen que ver con esas palabras, con esos gestos, con ese mensaje que había detrás».

Sin embargo, asegura, «cuando hablas bonito a tu hijo, cuando eres paciente, cuando le das tiempo, o las explicaciones o ayudas que necesita para hacer algo, estás sembrando seguridad en sí mismo. Le estás mandando el mensaje de que es valioso, de que te sientes orgulloso, y que confías en su potencial y en su camino». Así pues, «las palabras -concluye esta experta- pueden ser amigas o enemigas. Pueden empoderar o causas heridas. Pueden transmitirnos amor, aceptación, consuelo, confianza… o todo lo contrario».

Pero ¿por qué gritamos a aquellos a los que más queremos? Perona apunta a que a menudo, «los padres vivimos situaciones estresantes y conflictivas con nuestros hijos y expresamos la frustración que sentimos, el cansancio o el enfado a través de una comunicación agresiva, con descalificativos, insultos, o tal vez palabras veladamente hirientes. El sarcasmo, por ejemplo, puede hacer tanto daño o más que un descalificativo directo».

Educar un niño de temperamento fácil no es sencillo. Pero si hablamos además de niños con alguna dificultad (TDAH, trastornos de conducta…) o en la etapa adolescente, la cosa se vuelve mucho más compleja. Además, apunta esta terapeuta, hay algunos factores que no ayudan a mantener un diálogo sano con nuestros hijos:

El estrés familiar. Elevados niveles de estrés nos vuelven irascibles y reactivos. Reaccionamos peor y tenemos menos autocontrol.

Cansancio. Conciliar no es fácil y nuestro estilo de vida no ayuda.

Desconocimiento de las etapas del desarrollo y sus características. A veces exigimos más de lo que nuestro hijo puede darnos en ese momento.

Personalizar. Las atribuciones incorrectas hacen mucho daño: si piensas que la conducta de tu hijo tiene que ver contigo y la vives como algo personal, la vivirás desde el agravio y responderás con enojo.

Las proyecciones. Lo que más te enfada o saca de quicio de tu hijo, posiblemente tiene que ver más contigo que con él. Observa qué remueve en ti.

Creencias como «no valgo para nada», «no merezco ser amado», «todo me sale mal» se interiorizan

-Las frases que nos dicen, son las frases que nos decimos. El niño interiorizará esa manera de hablar y será su lenguaje interno. Si le hablamos con reproches, afectando a su autoestima, con amenazas o descalificativos, él aprenderá a comunicarse de la misma manera, tanto con otros como con él mismo.

-La profecía autocumplida. A nuestro cerebro le gusta mucho que todo esté en orden, así que tratará de alinear siempre pensamiento y conducta. Por lo tanto, si nuestro hijo crece escuchando que es tonto o que es un pesado, acabará comportándose de forma que valide esa creencia.

-Creencias positivas vs creencias negativas. Nuestro subconsciente se nutre de creencias, y estas creencias dirigen nuestro sentir y nuestro actuar. Creencias como «no valgo para nada», «no merezco ser amado», «todo me sale mal» se interiorizan y graban en el subconsciente del niño. Son creencias limitantes que costará mucho cambiar y convertirlas en creencias positivas como: «puedo lograr mis objetivos», «merezco ser amado», «puedo hacer las cosas bien», por ejemplo. (El EMDR por ejemplo y otros métodos se basan en el procesamiento de la información y como estas creencias nos limitan toda la vida)

-Baja autoestima, bajo autoconcepto. Una parte importante de nuestra autoestima proviene de la imagen que nuestros padres nos devuelven de nosotros mismos.

-Estropeamos el vínculo de apego. Un estilo comunicativo acaba por minar el vínculo de apego con nuestro hijo, deteriorando nuestra relación.

ABC

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