Trabajo infantil, la otra consecuencia de la pandemia en Venezuela

Más de un año en pandemia genera consecuencias económicas y sociales y Venezuela no escapa de esa dinámica. Ya la crisis que vivía el país impulsaba a los niños a trabajar para llevar el sustento diario a su hogares, una situación que ha empeorada con la presencia de la COVID-19.

La agencia Reuters relató la historia de Moises, un jovencito que trabaja la tierra con hermanito y su padre en Cordero, estado Táchira.

Este adolescente de 12 años dedica parte de su tiempo para arar la tierra y sembrar caraotas, maíz, y cebollín. Una vez terminada su jornada, se dedica a las tareas escolares.

Así como él, muchos menores de edad se han visto obligados a laborar en basureros, mercados o zonas mineras, tal como explicó Carlos Trapani, coordinador del grupo no gubernamental Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap).

En 2020, al menos 830.000 niños y adolescentes venezolanos vivían sin uno o ambos padres debido a la migración, según un informe de Cecodap publicado en diciembre.

Algunos menores “se han tenido que convertir en proveedores de grupos familiares, que por cierto están desmembrados. A veces no hay adultos porque se han ido del país y quedan adolescentes encargados del grupo familiar”, dijo Leonardo Rodríguez, director de la Red de Casas Don Bosco, que trabaja con jóvenes desfavorecidos.

Venezuela no proporciona estadísticas sobre trabajo infantil.

El Ministerio de Información y la agencia estatal de protección infantil IDENNA no respondieron a las solicitudes de comentarios.

World Vision, una organización humanitaria cristiana mundial, realizó una encuesta en Caracas y el vecino estado de Miranda en agosto de 2020 con un total de 420 hogares, en la que se consultó sobre los riesgos para la protección de los niños tras el brote de coronavirus. Los encuestados eran personas mayores de 30 años, de las cuales el 71% eran mujeres.

“Los problemas que ponen a los niños en mayor riesgo durante la pandemia están asociados con la escasez de alimentos, el aumento del trabajo infantil (…) la violencia doméstica y la negligencia”, dijo World Vision en el estudio, que se publicó en noviembre.

Desde la pandemia, más niños están haciendo tareas domésticas en los hogares de otras familias a cambio de dinero o comida, y más niños mendigan y venden productos como agua o cigarrillos en las calles, según el estudio.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo estimaron en junio que el impacto de la pandemia podría empujar a más de 300.000 niños, niñas y adolescentes latinoamericanos a la fuerza laboral, sumándose a los 10,5 millones que ya forman parte de este segmento en la región.

Carla Serrano, socióloga y activista de la ONG Red por los Derechos Humanos de Niños, Niñas y Adolescentes (REDHNNA), explicó que ante la emergencia humanitaria que vive el país y las cuarentenas, algunos menores de edad están en “modo sobrevivencia”.

Son “una fuerza de trabajo que puede ser explotada, ¿por qué? porque si estoy dentro de casa sin empleo y sin dinero (estaré) con 11, 12 años, 13, cargando agua 12 horas (al día) y si al final me dan un pan, lo agarro” como forma de pago, explicó.

Reuters

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