El principio de atracción en tres pasos Braulio Jatar Alonso

El principio de atracción en tres pasos

Braulio Jatar Inteligencia emocional en situaciones extremas

No estamos hablando de las leyes de Newton, sino del principio que con nuestro poder interno trae hacia ti lo bueno y lo malo que te rodea, usando para ello los pensamientos y la palabra. Este concepto tiene un muy extendido reconocimiento en el libro «El secreto de la ley de atracción» por Alberto Marpez y Marisa Callegari, en el que más allá de cuestionar resultados tan inverosímiles como hacerte rico, porque lo dices o piensas mil veces, lo cierto es que tanto los pensamientos como las palabras modifican nuestra forma de ver el entorno, más que al entorno mismo.

       En el libro se señala que las afirmaciones son unas de las  técnicas pioneras en la metafísica práctica; y advierten que, en esencia, una afirmación es una frase que determina con absoluta precisión la meta que deseamos alcanzar, sea ésta relacionada con la salud, la personalidad o lo material. Es a través de la repetición como se implantan en nuestro inconsciente, en nuestra mente creadora, las afirmaciones que producen el campo de pensamiento coherente para materializar el objetivo en nuestra vida. Para explicar algunos de estos principios básicos, el libro nos da ejemplos que son perfectamente insertables en cualquier curso de neurolingüística; frases que permiten poner a nuestro cerebro en contacto con esa realidad que nos hacemos a través del mensaje adecuado. Por ejemplo: «ahora tengo paz interior», indica la forma en que deben estructurarse las órdenes verbales para que tengan efecto positivo y nos señalan tres requisitos:

  1. Tu frase debe estar en tiempo presente, como si ya se hubiera realizado.
  2. Evita las negaciones ya que resultan inadecuadas para el mecanismo de tu mente inconsciente. Por ejemplo, «ya no estoy nervioso». En este caso queda resaltada la palabra nervioso por el citado mecanismo.
  3. No uses en el armado de las afirmaciones las palabras: quiero; deseo; necesito; porque querer, desear o necesitar no son la meta de nuestra afirmación. Por ejemplo, la frase  «yo deseo tener paz interior» no concreta nada   

       Lo relevante de las tres fórmulas de afirmación, tal y como hemos dicho, más allá de la obtención inmediata de objetos materiales, es el hablarse a sí mismo, lo que hace la diferencia en relación con los objetivos y vivencias propios. El ser humano hace uso de la fuerza de la palabra para buscar convencer a los otros; lo vemos todos los días en el desarrollo de cualquier campaña electoral; o en un mensaje publicitario; o en la simple conversación con un tercero. Y en ese contexto entendemos el poder que resulta del verbo, cuando hemos echado mano para persuadir a otros de nuestros consejos o deseos, pero esa misma fuerza transformadora pareciera ser rebajada cuando no entendemos que tiene igual o superior poder cuando la usamos con nosotros mismos.

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       En el capítulo denominado dieta emocional hablamos de cómo, por medio de la simple observación y realizando ejercicios en el aula, detectamos un importante  déficit  de palabras positivas en las conversaciones entre jóvenes, quienes se niegan a interactuar con sus compañeros haciendo uso de un vocabulario positivo, motivador o constructivo. Por el contrario, en la comunicación juvenil, y también en las de otras edades, abundan las palabras chatarras con sus grasas y azúcares en exceso, que al igual que la comida con ese nombre, solo nos llevan a padecer potencialmente problemas de salud o generar malas relaciones con nuestro ambiente social.

       Hemos discutido en grupo por qué cuesta tanto reconocer virtudes en el otro y, por el contrario, se hace fácil el insulto o la crítica. Una de las causas más comunes para ello es que cuando se honra con la verdad la virtud del otro, de alguna manera nuestro cerebro interpreta que se hace una degradación del que enaltece. Lo mismo hemos encontrado como respuesta a por qué cuesta tanto el decir «perdón». En ambos casos, tanto al reconocer virtudes en el otro  como excusarse, de alguna forma se presenta como debilidad por lo que se evita como mecanismo de defensa anticipada.

       Podemos tener una comunicación fluida con alguien, pero basada en mensajes perjudiciales, por lo que su efecto es contrario a la esencia creadora de la Palabra. Con ella se creó el Universo, sin embargo la mayoría la usamos para destruir a nuestro alrededor.

       Es indispensable entender que las palabras tienen el poder de construir y destruir. Pueden ser utilizadas como abono o veneno en la misma  siembra, y  debemos prohibirnos usarla como arma destructiva, cuando por el contrario es herramienta forjadora de los canales de éxito en nuestras vidas.

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Editor Reporte Confidencial / Abogado 18342 / Comunicador SNTP 8248 / Locutor 17210 / Profesor Inteligencias / Escritor / 7 libros amzn.to/2G3W6ja

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