Los retos de Wilfredo Romero en la dirigencia de campo de los Navegantes del Magallanes.

 

Tal vez esperando el pronunciamiento de la OFAC respecto al permiso para utilizar su personal de Major League Baseball en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, la gerencia magallanera había extendido el momento de contratar un nuevo manager. Empezar a armar un equipo a menos de dos meses del inicio de una temporada tan vertiginosa y sorpresiva como la de LVBP, resulta una tarea bien exigente para un manager, que aunque jugó muchas temporadas en la liga, todavía no ha dirigido en ella. Su experiencia en el cargo se remite a la liga mexicana de verano, y la también mexicana invernal de la costa del pacífico ahora conocida como ARCO. Son méritos importantes porque ambas ligas son muy  competitivas y de buen nivel. El hecho de ganar el premio al manager del año en ambas ligas es una señal positiva de su perfil. Sin embargo cada liga es una historia diferente, y aún cuando Romero haya jugado por mucho tiempo en LVBP, aun debe demostrar que puede ajustarse a la misma en funciones dirigenciales. Debe empezar por compenetrarse con su cuerpo técnico, para formar la atmósfera química que permita las bondades del trabajo en equipo.

Por otro lado se debe tomar en cuenta las particularidades que implica la pandemia del coronavirus respecto a la actitud que podrían asumir algunos peloteros, como ocurrió la temporada anterior, cuando celebraban en el dugout sin respetar ninguna de las normas de prevención profiláctica para mantener a raya al virus, luego por supuesto las consecuencias se manifestaron con un brote del Covid en varios peloteros. Esto es solo un ejemplo muy ajustado a la realidad actual para ilustrar otros aspectos de la relación cotidiana del manager y sus jugadores, la dinámica del dugout, la química del clubhouse, toda una experiencia que aparentemente ha evolucionado desde los tiempos cuando el manager era un sargento y dominaba el ámbito con observaciones irrefutables hasta las experiencias anárquicas e indolentes de muchos dugouts donde la mayoría de los peloteros hace lo que mejor les parece bajo la premisa de que son los que mueven el juego. De seguro ambas posturas albergan muchos errores, y aunque algunas de esas experiencias hayan significado victorias campeoniles, muchísimas otras han terminado en disgusto y tristeza.

Romero tiene la gran oportunidad de nivelar ese desbalance, de buscar entenderse con los peloteros sin perder la autoridad, ni la sindéresis. Trabajar a diario en los requerimientos técnicos y psicológicos del equipo es fundamental. Por ejemplo, tal vez no sea el caso, pero a la distancia pareciera que el equipo tiene puntos por ajustar en la receptoría y la antesala. Este año no contarán con Renato Núñez para cubrir la antesala como lo hizo en varios partidos de la eliminatoria y la postemporada, y la participación de Carlos Pérez no está confirmada debido a que está jugando en ligas menores y no se sabe si le van a ofrecer contrato de inmediato para el año entrante.  Se sabe que Luis Blasini (el gerente deportivo) es previsor ante esas situaciones, y Romero debe estar al tanto de esa situación, aún así hay que enfocarse en eso. Y también en determinar a diario desde ahora hasta el inicio de la temporada de LVBP, con cuales lanzadores de verdad cuenta para armar la rotación de abridores y con quienes para el bullpen es reto infinito para todo manager de beisbol. Por más que sus actuaciones del año en curso muestren rasgos positivos, solo las facultades que muestren aquí permitirán tomar las decisiones pertinentes.

Aunque pareciera lo más sencillo y hasta elemental, la designación del cuerpo técnico resulta esencial en el logro de los objetivos que se plantee el dueto gerente general – manager. En este caso aparentemente esta designada buena parte de los integrantes de ese cuerpo. Hace poco ratificaron a Robert Pérez como coach de bateo, lo cual indica un buen movimiento ante los progresos comprobados de su trabajo con Engelb Vielma y Gabriel Noriega entre otros jugadores del Magallanes. Aún falta por nombrar tal vez los integrantes más influyentes del dugout el coach de banca y el de pitcheo. El primero es esencial  como consulta inmediata del manager, en el descansan muchas tareas inmediatas que el dirigente no puede atender con el tiempo necesario, va adelantando muchas funciones impostergables mientras el manager dirige las prácticas o ajusta asuntos con el gerente general. El coach de pitcheo se encarga de armar la rotación de abridores con anticipación y diseñar la estrategia a seguir con el bullpen.

Alfonso L. Tusa C. 8 de septiembre de 2021.©

Por: El fildeo
Autor: Alfonso
Fecha de publicación: 2021-09-08 10:42:57
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