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Ex ante del 21 de noviembre y ex post Por Nelson Chitty La Roche

El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo» Winston Churchill

Solemos atribuir a los eventos que nos conciernen medularmente, un carácter histórico, para distinguirlos de otros menos reveladores. Así se escucha ahora a algunos compatriotas darle o quitarle alcance a lo que ocurrirá el próximo día de los comicios regionales y municipales.

¿Qué pasará el 21N? Comencemos afirmando que de aquí a allá, no creo que haya razones para esperar desde México resultados importantes. Es obvio que el régimen no se lo está tomando con la seriedad debida y no esconde para nada su ontológico y compulsivo cinismo.

Eso no significa que no estén prestos a maniobrar. Son aprendices de brujos que encuentran en la santería y en los caracoles respuestas para sus preguntas y, si no fuere claro el ejercicio, entonces, simularán alguna concesión si acaso.

Creen poder vivir con las sanciones como lo hacen los demás países que las sobrellevan y Cuba entre ellos, que lo hace tristemente, a punta de represión y degeneración ciudadana. Lo que va quedando del degradado ser humano y de la sosa, mansa y bucólica sociedad, no constituye para ellos peligro, ni amenaza su permanencia en el poder.

Ratifico lo dicho y escrito desde hace varios años. Mientras Maduro y sus acólitos permanezcan en el control del aparato público y continúe la usurpación de la soberanía nacional, todos los problemas que su presencia inepta, enviciada y mórbida trajo a los venezolanos y al continente, se mantendrán. Nada cambiará con esa gente mandando, sin capacidad, ni compromiso y sobre todo, sin responsabilización.

Tal vez engañen o timen a su contraparte o a la mismísima comunidad internacional que hace de rimbombante testigo, pero no servirá para resolver el pernicioso fondo del asunto. El país se hunde y postra sin dinero ni forma de obtenerlo y entretanto, en estado de atraso y sin inversiones en el sector petrolero, yace a ratos cataléptico. Eso tampoco cambiará con la misma gente. Ya decía un viejo amigo y pleno de veracidad: “Los que nos metieron en esta crisis, no son los que nos pueden sacar de ella”.

Empero, volvamos a nuestro propósito. ¿Irá a votar la gente después de la huelga electoral a la que recurrió la mayoría del cuerpo político de manos de la pretendida oposición y, en qué proporción lo haría? Difícil responder a eso, confiadamente, porque legítimas dudas emergen al explorar el asunto pero, la inteligencia del colectivo nacional debería empujarnos en esa dirección. Sin pretender vaticinar diré que 55% de los inscritos serían la base con la que podemos contar, salvo eventos extraordinarios. Qué pena, deberíamos asistir como un acto de rechazo e indocilidad, cada uno de nuestro total.

¿Quién sacará más votos la “dizque oposición” y vuelvo a denominarla de ese modo por desconfianza, porque no sé dónde colocar a la llamada Alianza democrática de los partidos zombies?

Sacará, estoy seguro, menos votos el régimen pero eso no significa que sacará menos alcaldes, gobernadores, diputados a los consejos legislativos. Me explico, aunque sé que todos me entienden, a veces con sencillos ejemplos.

En Caracas se le podría ganar a la candidata del PSUV si sumáramos los votos de cada uno de los otros candidatos, pero divididos los votos entre los susodichos sería una proeza.

La oligarquía del G4 prefiere perder que dejar ganar a otro de los opositores. Quisiera equivocarme, pero otra campanada similar se presagia en Miranda por solo citar a la Gran Caracas.

En Carabobo, el singular Lacava recibiría los votos de la clase media valenciana y aseguraría la ventaja. Allí, el problema sería que el electorado del norte citadino, torpe y miope, no distingue dónde está el adversario y se inclinará sin conciencia estratégica por el que los corteja. Claro que hay un drama de carencia de liderazgo en el Estado y Scarano no estuvo en la contienda y llegó para las elecciones. No hay partidos y una patente desciudadanización además.

Puedo seguir con otras circunscripciones, pero o la división de la participación opositora favorece a los rojitos o la confusión y la falta de horizonte simplifica y extravía los criterios de las mayorías, lo que a la postre deja al que divide venciendo, como siempre se ha escuchado y reiterado; se oyó a Julio César y a Napoleón decir “divide et vinces, divide ut imperes y divide ut regnes”. También se le atribuye al genio inmarcesible de Sun tzu.

¿Eso se traduce en una victoria para Maduro? A primera vista sí. Más aún, cuando se lee el vaticinio de algunos relacionados con la oposición que advierten de una verdadera debacle con un resultado absolutamente decepcionante, sin victorias importantes ni regionales ni municipales. Perder en todas partes, como mi angustiado y fraterno condiscípulo Ramón José Medina anticipa, es grave sin dudas, pero desaprovechar la oportunidad de corregir el rumbo de la desciudadanización que puede acompañar la derrota es catastrófico.

Mostrar que seguimos a la merced de un régimen considerado infame por el mundo académico y no estoy exagerando, de Venezuela y del planeta; naufragar pues y no a causa de sus habilidades, ardides, tramoyas, manipulaciones que las tiene y muchas, sino porque una vez más, los intereses personales de los que se reconocen como opositores prevalecen sobre los intereses de la sociedad, es vergonzoso, irritante y desalentador. El liderazgo que coadyuve a esa debacle, sea quien sea, debe ser apartado y responsabilizado del fiasco que su conducta nos obsequia.

Quiero pensar que una ráfaga de viento patriótico aún disuada de tanta estolidez y mediocridad a los concernidos y que puedan corregirse los entuertos. Propóngoles a Uzcátegui y a Ocariz y no hay novedad pero debemos insistir, resolver la controversia, como lo harían los griegos, hace mas de 2.500 años, por la suerte, la insaculación o a una partida de piedra, papel o tijera pero  ¡no nos echen esa vaina que están a punto de brindarnos!

Misma recomendación a los candidatos a la Alcaldía de Caracas. Ecarri, Guanipa o quién crea que tiene un verdadero chance. Una encuesta resolvería eso, pero hace falta en la dirigencia de un lado, ética por responsabilidad como enseñó Weber o inteligencia histórica por señalar así, la ponderación de los roles y del momento que vivimos con generosidad y honradez ciudadana.

La encuesta Encovi devela el diagnóstico que se aloja en la crucial, dramática, mísera existencia de nuestro pueblo, cunde, crece, se hipertrofia la pobreza y, en especial, la pobreza extrema.

Aun más perniciosa es la inopia espiritual y el cada vez más evidente daño antropológico que nos sesga la dignidad y cabe entonces, a mi parecer, una pregunta para una respuesta,

No hay milagro posible, pero ¿qué podemos hacer para torcer la tendencia que nos desfigura y aniquila como nación y por cierto, traslada nuestros problemas allende las fronteras e irradia al continente de emociones peligrosas y viles como lo visto y oído recientemente en Chile pero antes, en el Perú, Ecuador, Colombia?

Lo que nos acontece, fenomenológicamente, no es otra cosa que la disolución de la nación y la confiscación de la soberanía por propios y extraños. Debemos recuperar la institucionalidad, secuestrada al costo que sea menester pagar, y si la comunidad internacional desea asegurar un papel positivo y útil en este teatro, debe hacerlo con carácter y personalidad.

El discurso de la auténtica oposición no puede detenerse en lo epidérmico, en lo inmediato, en lo meramente personal. Debe dejarle claro al coterráneo que cada voto por el PSUV o por sus candidatos es contribuir a que la tragedia continúe.

El pobre, el desempleado, el pensionado, el maestro, el profesor, el profesional, el soldado, el joven, nuestras mujeres debemos todos dar un testimonio de rechazo definitivo a los facinerosos y sicofantes que nos han burlado. El hambre no cesa con la limosna de la bolsa con productos de tercera categoría y cada vez menos surtida. ¡Respetémonos!

Mil veces dicho y mil veces repetido. La única salida pacífica, democrática, electoral, constitucional y legal es el referéndum revocatorio. Cualquier otro pasaje es ineficaz e impertinente.

¡Si Maduro sigue, la nación se muere! Y por ello, cae sobre los hombros de los conductores de esta hora y de todos nosotros los venezolanos, esa gesta pendiente que si no llevamos a cabo con éxito, no se nos podría excusar y mucho menos perdonar.

Aunque para los pragmáticos suene cursi o romántico, procede asumir el desafío que nos toca encarar porque Venezuela es la razón más trascendente y definitiva que tenemos para vivir y vivir incluye todo, la lucha de san Agustín o la muerte del rebelde de Camus.

[email protected]

@nchittylaroche

El Nacional

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