El 21N y la vesania abstencionista

el…destino personaje de leyenda representa, la realización de lo que el hombre espera de sí mismo”. Barbara W Tuchman (La marcha de la locura. La sinrazón desde Troya hasta Vietnam. México: Fondo de Cultura Económica, 1984)

Releo ese maravilloso texto de la autora, del que tomo una frase como acápite de mi reflexión de hoy; luego de haberme reencontrado con su libro a instancia de un artículo de mi amigo Ramón Escovar León, titulado “El laberinto de la insensatez” (El Nacional 26/10/2021), en el cual el académico resalta la dinámica de yerros de los liderazgos que llevaron la catástrofe a sus sociedades, atendiendo sus intereses o caprichos, antes que lo que la más elemental racionalidad y la responsabilidad aconsejaban.

En nuestra Venezuela de hoy, díscola, distópica, errática, arruinada y esquizoide, se advierten algunos rasgos protuberantes que podrían explicarnos, cómo llegamos al desastre y a la crisis de todas las crisis.

De un lado, la antipolítica que trajo al actor principal de la tragedia, el militar golpista Hugo Chávez Frías, como una retaliación, una represalia, frente a los que habían gobernado por cuatro décadas y perdían su sustento popular y además, malgastaban el respeto que otrora los sostuvo boyantes.

No es la secuencia histórica siempre justa, pero mucho de justicia; sin embargo, puede haber en ella y el mea culpa no debe obviarse en ninguna circunstancia. No obstante, a veces optamos por tomar caminos hacia el absurdo y la fatalidad, sesgando nuestro discernimiento. Ya decía Goya y cabe siempre repetirlo, “El sueño de la razón engendra monstruos”.

Concomitantemente, una suerte de síndrome de Estocolmo, por así llamarlo, funcionó inficionando por completo a la institucionalidad y a la planta dirigente. 1999 vio caer todas las barreras de la constitucionalidad democrática ante el discurso vindicativo y las inconsistencias que la antipolítica había inoculado por doquier. La CSJ, los partidos políticos, el liderazgo de la sociedad civil, consintieron el acabose y como aquella línea Maginot, cedió ante el blindado resentimiento y el cálculo de muchos e incluyo, a los medios de comunicación.

El costo de oportunidad que el país está pagando por permitir y contribuir al holocausto que nos desfigura, empobrece y envilece, para complacer ese bajo psiquismo que representaba el arribo del funesto caudillo del socialismo del siglo XXI, acomplejado, maniático, trajo el otro elemento a mencionar especialmente; el ascenso de la más absoluta e irresponsable mediocridad. El país que se permitió al chavomadurismo, paga con su vida, sus miembros, sus hijos su estulticia. Se queda sin futuro y ve pasar la más brillante ocasión de su historia económica.

Hay generaciones descollantes en el devenir de las civilizaciones y en la historia de los pueblos y, así como hubo aquella de 1810 o la otra desde 1928 o, todavía la del 1958, también hemos de mencionar, entre varias, la de 1998, la protagonista deletérea de una obra que aún no concluye y que se aprecia en el orbe económico como la peor gestión desde que llevan estadísticas y solo comparable a aquellas naciones en guerra.

No solo fue el país dirigente sino un pueblo ebrio de demagogia y populismo el que se alienó, pero 22 años después, nuestra patria yace agónica porque es así, si sus hijos deambulan por doquier, despreciados a menudo y los que se quedaron, se convirtieron en los más vulnerables, frágiles, precarios del continente y entre los más endebles del mundo.

Basta leer la encuesta Encovi 2021 para cerciorarse de lo que afirmo y los guarismos que circulan en el mundo de las finanzas universales, así como aquellos informes sobre migración y refugiados para confirmarlo.

Todo lo que digo y es lo más importante a repetir, lo sabe cada venezolano, aun aquellos que no lo quieren saber, o los que se enajenaron por prebendas y /o los que se hacen los locos para completar coloquialmente. No es un secreto, es la verdad áspera que nos lacera y hiere a cada instante.

El hito es ese. ¿Seguimos pasivos o reaccionamos ante la evidencia que nos despoja hasta de nuestra dignidad? Morimos viviendo lentamente, resignadamente, tristemente este descalabro, esta expoliación, esta fatalidad, escondidos en nuestra supervivencia que, por cierto, esgrimimos como un escudo para apuntalar nuestra deserción ¿Es que no hemos constatado hasta la saciedad mórbida que, nadie se echará al agua para salvarnos de este ahogamiento, de este naufragio?

Solo hay una respuesta acorde con el desafío de mantener o de cambiar nuestra vida, la de nuestra familia, nuestro entorno, nuestros hijos, la escuela, la universidad, el empleo, la economía, el hospital, el transporte, el desempleo, la mengua, la lejanía, la soledad y la vergüenza de vernos así, acobardados, postrados, desvencijados, ultrajados, la justicia, la institucionalidad que en común sufren bajo el dominio tiránico de la mas incompetente combinación de populismo, militarismo, ideologismo y cinismo corrupto.

Solo un verdadero cambio desde nuestras raíces más profundas puede redimirnos de nuestra condena al averno que padecemos y ofrecernos una reivindicación física, moral, ética, espiritual, social. Hay que superar a como dé lugar ese tapón que nos impide fluir y reencontrar los caminos de la regeneración, porque si Maduro sigue y no me cansaré de repetirlo, Venezuela se muere.

Algunos rechazan la vía electoral y tienen razones para dudar pero, no tenemos otra a la vista. Siendo así; es forzoso, impajaritable, reunirnos con fuerza como ya lo hemos hecho antes en torno a una palanca que permita mover las cosas de donde están y para eso, harán falta varias cosas pero comentará rápido las que estimo más importantes que no son un recóndito pero que hay que insistir hasta que puedan y sean interiorizadas y concientizadas.

La participación que resulta de la militancia en la ciudadanía es la primera. Abstenerse es una locura furiosa y primitiva. Nada bueno entresacamos de la huelga electoral en la que muchos y me incluyo actuamos, comprensiblemente quizá pero, que los hechos muestran ineficiente como política.

Seguirla sería redundar en la falencia y la estupidez incluso. Hay que regresar al voto aun si existiría otro canal pero, seriamente hablando, lucen obliterados.

Las luchas son en cada momento y en cada época distintas y la violencia solo es un modo de hacerlo pero no el único. Sabemos de muchos que están abrumados de rencor y desesperanza pero, sin una acción genuina, posible, real en la dirección del objetivo estratégico de volver la hoja que escribimos como historia, no lo podremos lograr.

La otra parte del rompecabezas  es la unidad. Al respecto, no creo que debamos agregar a lo por muchos dicho y, por muy pocos escuchado y menos seguido. El cuerpo político reclamará, castigará a quienes exhiban dolosa o culposamente la conducta que haya traído la derrota y los números serán prueba plena. Dividirse es perderse.

En Caracas y en Miranda para comenzar; el resultado que seguramente es racionalmente anticipado por las encuestas que, parecen ser muy similares y mostrando las tendencias desde hace semanas, sabremos quienes jugaron el juego del gobierno para mantenerse tratando de debilitar al otro candidato y favorecer al oficialista.

Debemos estar preparados para un barajo político intenso y resuelto el 22N. Es tiempo de pedirle cuentas y no solamente al gobierno sino a la oposición y  a la alianza democrática. ¡Basta también de fallarle al país y seguir como si nada pasara!

El Nacional

Por: Reporte Confidencial

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