PARA EL ÉXITO: Presta atención a la inteligencia de tu corazón

Presta atención a la inteligencia de tu corazón

Atenéa es la diosa de la guerra, protectora de capitanes, confía en que la clave de un buen capitán, no debe ser otra que la búsqueda contínua de soluciones a los problemas que vayan surgiendo, midiendo el éxito o el fracaso en función de los resultados obtenidos.

El concepto de inteligencia artificial, se debe al informático estadounidense John McCarthy, quien en el año 1956 lo pronunció por primera vez en una conferencia. Décadas después el reto es darle sentimientos a las máquinas; es el corazón y no el cerebro, el que hace impredecible los mortales. Los más avanzados algoritmos no tienen emociones, por lo que sus predicciones siempre serán incompletas. La simple foto de un niño gozoso con un juguete nuevo en sus manos, es un inmenso reto para una aplicación que pretenda reconocer los elementos por separado y en conjunto ¿Cómo así? Cuando el sistema artificial sea expuesto a una nueva foto de un niño con un juguete en su poder, tenderá a repetir “niño feliz, con juguete nuevo”, aunque el juguete sea viejo y el niño tenga una ligera expresión de sorpresa con disgusto. El corazón humano, es un reconocedor de personas, objetos y circunstancias juntas, separado y con una infinidad de variaciones. La tecnología puede en algunas ocasiones vencer al cerebro, en otras quizás al corazón, pero nunca a ambos juntos.

En la medida que la ciencia avanza, los “dioses del cielo” vamos perdiendo control autónomo sobre los comandos. Los fabricantes de aeronaves con sus propias estadísticas han “sentado” las máquinas, en el puesto de los  comandantes en la cabina de mando. Una encuesta de la Asociación de Pilotos de Aerolíneas Británicas (Balpa), realizada a 500 de sus miembros a finales de octubre de 2012, mostró que 43 por ciento se había quedado involuntariamente dormido en la cabina, y de esos, 31 por ciento dijo que cuando se despertó, el otro piloto también se había dormido. Otras mediciones señalan que un 80% de los accidentes aéreos se deben a fallas humanas con un 20% por fatiga. Estamos sometidos a una batalla contra números y máquinas. Los mortales en cada uno de sus trabajos, pueden o no saberlo, pero también están sometidos a igual campo de batalla con descorazonados.

En “La inteligencia del corazón” de los autores Rollin McCraty, Doc Childre, y Deborah Rozman, indican que cualquiera que haya visto a un equipo en una competición deportiva o haya asistido a un concierto excepcional, sabe que en ese grupo de personas sucede algo especial que transciende los niveles normales de rendimiento. Es como si los jugadores estuvieran sincronizados y consiguieran comunicarse a un nivel invisible de energía. Muchos equipos deportivos, entre los que se encuentran los olímpicos y los profesionales, saben muy bien la importancia que tiene dicha coherencia para el grupo. Tanto si lo llaman “espíritu de equipo” como “unión”,todos saben instintivamente que existe una “energía de grupo”.

En tu antigua Grecia existía un inmenso robot de bronce llamado Talos, uno de los tres asombrosos regalos fabricados por Hefesto, dios de la forja y patrón de la invención y la tecnología. Los otros dos regalos eran un Carcaj de oro cuyas flechas, nunca fallaban su objetivo, y Lélape, un sabueso de oro que siempre atrapaba a su presa.La robótica también tiene sus antecedentes en los antiguos libros de tu Grecia. Talos era una estatua animada con sangre por dentro. Tus antepasados entendían que una máquina sin alma no era completa. La bruja Madea, sabía que la mayor virtud del gigante del mecánico, era también su mayor debilidad, y con maléfica telepatía lo hace tambalear y una afilada piedra le corta el tobillo trozando su única vena, el descomunal de bronce se desploma. El corazón de un capitán es su mayor fuerza pero, paradójicamente, también su debilidad superior. 

Sabiendo poco de nosotros, millones de personas nos entregan su vida y la de sus familias, es difícil imaginar otra situación en la cual miles de millones confíen sus vidas a unos desconocidos.Los “dioses del cielo”vamos por los aires del mundo montados sobre nuestros Talos con alas. Los humanos tienen en sus genes la necesidad de confiar en extraños. Un pasajero pálido de miedo criticaba a su amigo que dormía a pierna suelta mientras él sudaba su espanto: “Quédate tranquilo, que él (el piloto) tampoco quiere morir”. El argumento es válido pero incompleto, algunos ejemplos son evidentes. Para ser un piloto profesional, se tiene que estudiar en distintos niveles, aprender todo lo posible sobre aviones, condiciones atmosféricas, manuales, poner muchas horas y trabajo duro para ir avanzando en certificados y grados.

Estractos del libro «El secreto de los dioses del cielo» por: Braulio Jatar Alonso

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Editor Reporte Confidencial / Abogado 18342 / Comunicador SNTP 8248 / Locutor 17210 / Profesor Inteligencias / Escritor / 7 libros amzn.to/2G3W6ja

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