Bitcoin; ¿tulipomanía u oro digital?

Bitcoin ha sido calificado en numerosas ocasiones o bien como una burbuja que reventará de la misma forma que lo hizo la tulipomanía en el siglo XVII, paradigma de como una espiral especulativa puede arruinar a muchos que invierten en productos que no entienden, o bien como una especie de oro digital descentralizado que ha llegado para competir de tú a tú con las divisas fiat, visiones contrapuestas que tienen una gran posición intermedia de grises que va de aquellos que prefieren mantenerse a una prudencial distancia de las criptomonedas hasta aquellos que invierten con mesura esperando descubrir qué es lo que depara el futuro de un activo tan extremadamente volátil que ha demostrado ser capaz de subir como la espuma o derrumbarse volatilizando decenas de miles de millones de dólares, además de estar expuesta a robos en forma de ataques informáticos cuando se confía su custodia a la wallet de una exchange o a la pérdida de claves y semillas si el poseedor se decide por custodiar sus propios activos digitales mediante una wallet fría, quizás espoleados por el famoso Not Your Keys, Not Your Coins

Muy por debajo de sus máximos históricos

Nadie puede asegurar qué es lo que va a ocurrir con el precio de bitcoin en las próximas horas, días, semanas o años, pero lo que sí es seguro es lo que refleja en estos momentos la gráfica de su precio, que indica que su precio ha caído muy por debajo de su máximo histórico, de hecho, con la cotización actual, en estos momentos se encuentra incluso por debajo de la mitad de dicho máximo, cuando las previsiones más llamativas, al menos aquellas que habían creído detectar que todavía le quedaba cuerda a la tendencia alcista, lo situaban en, o cerca, de las seis cifras, objetivo que algunos analistas no descartan que pueda conseguir en su próximo ciclo alcista antes de volver a experimentar una de sus espectaculares caídas que en el argot se conocen como correcciones del mercado, que no sólo se dan en forma de caídas tras una subida del mercado, sino también forma de subidas tras una caída.

Por el lado de los que desconfían de las criptomonedas tenemos al vehemente Nouriel Roubini, profesor en la Universidad de Nueva York, que dijo que bitcoin ni tiene valor ni es un activo, sino una burbuja, una opinión que también comparte el popular inversor Warren Buffet, que recientemente declaró que no compraría todo el bitcoin del mundo ni por tan sólo veinticinco dólares (actualmente la capitalización total de este activo es de más de medio billón de dólares). Sin embargo, y a pesar de lo que piensan algunos popes del mundo de la economía, lo cierto es que bitcoin todavía se utiliza para invertir de múltiples formas.

Un activo, varias formas de operar con él

Bitcoin se puede utilizar de distintas formas para invertir, todas ellas con sus riesgos; trading, holding, staking o minería, basándose algunas de estas formas de operar en estudiar la volatilidad para intentar predecir hacia dónde se moverá la cotización, otras en que el precio de la energía y el hardware combinados sean menores que el precio del token una vez sea minado el bloque y otras en ir acumulando con la esperanza de que el precio futuro sea mayor que el precio en el momento de realizar la compra junto con la capacidad de ser capaz de asegurar su almacenamiento en una wallet fría o bien confiar en un tercero para tal menester, asumiendo en cualquier caso el riesgo que toda inversión implica especialmente si se tiene en cuenta que todavía no está claro si bitcoin será adoptado como una forma  de pago global o si tarde o temprano terminará emulando a la malograda Luna.

Y es que tras lo ocurrido con la criptomoneda Luna el futuro de estos activos vuelve a estar en entredicho una vez más, aunque lo que sí parece que está claro es que bitcoin no parece funcionar como un activo refugio, de hecho su volatilidad hace que, al menos en el momento actual, invertir dinero en bitcoin implique asumir un nivel de incertidumbre muy alto, lo cual evidentemente no es una característica propia de un activo cuyo fin último es mantener el capital a salvo en momentos como el que actualmente vive la economía mundial.

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