¿Es bueno ducharse con agua fría? Beneficios para cuerpo y mente

Más allá de la limpieza diaria, en mi casa se dice que la ducha te da siempre lo que necesitas: por la mañana te despierta y te activa para afrontar el día. Por la noche te relaja y echa fuera todo lo que nos ha podido estresar.

De la ducha se dice también que es un momento-espacio de reflexión, ese punto de inflexión, también llamado momento Eureka, a lo Arquímedes, donde la inspiración campa a sus anchas.

A este fénomeno, que tanto tiene que ver con el de la ducha, hasta los expertos le han puesto nombre, ‘The tree B’s’ (las tres Bes), que responden a las palabras inglesas ‘Bed’ (cama), ‘Bath’ (baño) y ‘Bus’ (autobús).

Resulta que estos tres escenarios son clave para el desbloqueo de la creatividad. Ahora me explico por qué siempre echo en falta un bloc de notas bajo la ducha…

Si dejamos de lado los beneficios creativos de la ducha, más ahora que se acerca el verano, surge otra de las grandes preguntas, no exentas de polémica muchas veces, que rodea a este acto de higiene diario: ¿es bueno ducharse con agua fría?

Duchas con agua fría: ¿sí o no?

Empecemos por el principio. Una ducha normal, perfecta, de manual, tiene sus requisitos.

«No debería durar más de siete u ocho minutos, lo justo para humedecer la piel, enjabonarla y aclararla. Abusar de los baños o de las duchas muy prolongadas reseca la piel», señala la doctora Mayte Truchuelo, dermatóloga del GEDET (Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica) de la AEDV.

Cronómetro en mano, llega la segunda pregunta del millón: ¿a qué temperatura hay que ducharse? «La temperatura del agua tiene que estar siempre a raya.

No debe ser ni muy caliente ni helada. Lo ideal es tibia, porque la caliente en exceso deteriora la barrera cutánea», subraya Truchuelo.

Y, ahora que el calor se acerca peligrosamente y promete no abandonarnos en meses, con lo que una ducha fría se aparece como una idea la mar de tentadora, ¿el agua fresquita es recomendable para la piel?

Las consecuencia directa del agua fría sobre la piel es que induce una vasoconstricción de los vasos dérmicos (que se cierran), lo que puede tener ciertos aspectos positivos.

Pero si hablamos de temperaturas extremas, «pueden llegar a producir una inflamación local con liberación de moléculas inflamatorias que pueden estar implicadas en picor, dermatitis…», advierte la doctora.

«La temperatura fría es un estímulo físico que hay que manejar con cuidado, porque puede actuar como irritante, especialmente en pieles sensibles», sostiene la dermatóloga.

Sensibles y con patologías, como urticarias, crioglobulinemias, perniosis (sabañones), dermatitis atópica, etc. En estos casos, siempre hay que evitarlas.

Por eso, 37 grados sería, según Truchuelo, ese ni frío ni calor ideal de una ducha.

Qué beneficios puede tener una ducha fría

Sin embargo, en esto de las duchas frías no todo es blanco o negro. Que pueden sensibilizar la piel de por sí delicada es un hecho que defiende y argumenta la dermatóloga, pero más allá de esta, existen ciertos beneficios para el organismo.

Porque el frío, tal y como sostiene la esteticista Carmen Navarro, «activa la circulación sanguínea, combate la aparición de celulitis y varices, es magnífico para mejorar la sensación de agotamiento y piernas cansadas… Eso sí, siempre que sepamos cómo realizar estas duchas frías correctamente y que no se excedan nunca en el tiempo».

Por otra parte, a nivel muscular, las propiedades regenerativas del agua fría consiguen reparar, provocando un efecto de relajación inmediato.

Y el contraste entre el agua fría y el agua caliente nos ayuda a recuperar el músculo y a mejorar la curación de lesiones.

Y ahí entran las las conocidas «duchas de contraste, que comienzan con agua caliente (con función relax) y finalizan con agua fría, que nos mantienen despiertos y activos», subraya Navarro.

La esteticista también explica que el cuerpo reacciona ante el efecto frío liberando endorfinas.

«Lo que se conoce científicamente es que el agua fría en cuanto entra en contacto con nuestra piel despierta infinitas señales y nuestro cerebro activa una especie de sistema de alarma segregando dopamina y noradrenalina», prosigue Carmen Navarro.

Hay más, según la experta: el agua fría aplicada a nivel corporal, fuerza al organismo a generar calor para luchar contra el efecto frío, acelerando el metabolismo y aumentando por lo tanto el consumo de energía (algo que también ocurre en los tratamientos con crioterapia).

Al aumentar el metabolismo se consume o quema la conocida como grasa parda que acumula nuestro cuerpo para mantener la temperatura corporal más adecuada.

Una buena ducha fría: cuándo y cómo

Si decidimos darnos una buena ducha fría, ¿cómo tienen que ser sus características?

Es suficiente tomar duchas breves de 30 segundos a 15 grados. «Los estudios que se han realizado al respecto aseguran que es suficiente este tiempo y esta temperatura.

No por mantenerse más tiempo o bajar los grados se consiguen mejores efectos», comenta Carmen Navarro.

Resuelto el cuándo, llega el turno del cómo. Son ideales después de hacer deporte, por el efecto comentado sobre la musculatura.

En cuanto a horarios, por la mañana una ducha fría nos ayuda a despertarnos a nivel muscular y cerebral, mientras que por la noche regulamos la temperatura corporal y nos induce a la relajación, aunque pero en estos casos suele resultar más agradable la ducha a temperatura tradicional, tal y como cuenta Navarro.

Con información El Mundo

Apóyanos Compartiendo :
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.