Porras: La dirigencia política no valora a la sociedad

En varias ocasiones, la Conferencia Episcopal Venezolana ha dicho en sus exhortaciones pastorales que lo que está pasando en Venezuela es “moralmente inaceptable”. ¿Qué significa exactamente y qué implica?

Hay que partir de la postura de la Iglesia en materia de Doctrina Social cuando se aborda el  concepto de democracia. Si se trata de una democracia que no es plural, que no admite la disensión, que lo que quiere es imponer de manera autoritaria una forma de conducir la sociedad, eso rompe  la equidad y, en lugar de generar progreso y bienestar, más bien ahonda la brecha entre ricos y pobres, no sólo en lo económico sino en todos los órdenes. Hemos sido testigos del deterioro del sistema democrático que tuvo, por cierto, grandes logros desde 1958 en adelante.

Lamentablemente, durante los años 90, por las razones que todos conocemos, llegó el olvido de lo que debía ser la preocupación fundamental de cualquier político: el bien de la gente. Al ocurrir esto, sigue la tentación de siempre en América Latina, esperar una respuesta mesiánica, de esos que ofrecen villas y castillos y todo resulta en frustración porque esas opciones desembocan en todo lo contrario. Eso es lo que hemos vivido a lo largo de estas dos décadas. Es moralmente inaceptable que no haya la posibilidad de un desarrollo humano integral e igualitario de las personas. Ello requiere una reconstitución de la sociedad venezolana.

Para señalar  la dimensión  del perjuicio que se le inflige a una sociedad, se ha acuñado el concepto –que, por cierto, salió de Cuba-  de «daño antropológico». Aproximándonos a la realidad en Venezuela, ¿usted cree que la crisis humanitaria en que estamos inmersos es una muestra de esa lesión a lo esencial del ser humano en los planos emocional, ético, social y también espiritual?

Indudablemente que sí. Estos sistemas que quieren  dominarlo todo, tienen una consigna muy parecida a la  de Sendero Luminoso –el grupo terrorista peruano liderado por Abimael Guzmán- “Lo único importante es el poder, lo demás es ilusión”. Hay que mantenerse en el poder, no importa si ello significa llevarse por delante los derechos humanos, aplastando al que se atraviese, para que una cúpula haga lo que quiera con la sociedad. Es una de las características que ha llevado al episcopado a proclamar que esto es inaceptable moralmente, sobre todo si se hace pretendiendo predicar la igualdad, la ayuda al pobre, cuando lo que vemos  son índices negativos en todos los órdenes.

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