Crisis en Venezuela: Gasto público, burocracia creciente y límites a la libertad 

Los leves signos de recuperación que mostró la economía venezolana al cierre del año 2021, no significan de ningún modo que se haya detenido la destrucción que el chavismo ha causado en el sistema económico.

Venezuela sigue teniendo una economía inflacionaria, bajo empleo, pésimas condiciones para la inversión y mala gestión de los recursos públicos. En pocas palabras estamos muy lejos de tener un libre mercado eficiente y competitivo que atienda las necesidades ciudadanas.

Si bien la pandemia ralentizó aún más la productividad, las fuerzas que mantienen a la economía venezolana estancada y en desequilibrio son estructurales. No se puede culpar a las restricciones internacionales, al mercado petrolero, ni al Covid 19, en realidad, la situación económica no mejorará sustancialmente si se continúan haciendo las cosas de la misma manera y con la misma gente.

Tanto el presupuesto 2022 como los presupuestos opacos de los últimos seis años, reflejan que el gasto público corriente está subestimado y las asignaciones son discrecionales, desatendiendo las principales necesidades de los agentes del sistema. Para este año, el régimen piensa destinar cerca del 70% de este presupuesto al gasto corriente y pretende cubrirlo con ingresos extraordinarios petroleros e impuestos regresivos, aunque signifique castigar más la actividad económica de los privados, con impuestos de efectos contractivos como el IVA o el IGTF.

El principal problema de esta mala gestión pública, radica en que el régimen no es capaz de redimensionar sus limitadas capacidades y adecuarse a la realidad nacional, sino que sigue creciendo parasitariamente, nutriéndose de lo que queda de la sociedad a través de sus tentáculos burocráticos.

De acuerdo al Índice de Burocracia para América Latina (IB-LAT), Venezuela es el país donde se destinan más horas a trámites burocráticos (más de 1000 horas al año), coincidiendo este resultado con la baja productividad y expansión inflacionaria, debido a los costos transaccionales que el gobierno suma continuamente a las empresas, en especial a las Pymes.

Los resultados del IB-LAT para Venezuela revelan que los trámites más complejos tienen que ver con el pago de impuestos, y mientras más engorrosos son más se incrementan los costos transaccionales, al tener las empresas que contratar a gestores profesionales, encareciendo la operatividad y las oportunidades de creación y desarrollo de las pequeñas empresas, condenándolas a la informalidad o la extinción.

El mencionado índice permitió identificar 68 trámites burocráticos exigidos por 18 instituciones gubernamentales en Venezuela, 45 son exigidos a cualquier tipo de empresa y 23 dependen del sector económico donde operen. Cada trámite exige entre 4 o 5 diligencias para completarse, con un promedio de 15 horas por trámite, lo que termina consumiendo la mitad de la jornada anual de un trabajador y castigando principalmente a los pequeños productores.

El efecto de la burocracia en Venezuela se refleja en la contracción económica, informalidad de las pequeñas empresas, una productividad baja, escasez e inflación. La ineficiente gestión de los organismos gubernamentales se transmite a las empresas de todos los sectores económicos, creando costos y vulnerando a las de menor tamaño, que sacrifican la mayor parte del tiempo de producción haciendo trámites, en vez de atender a sus consumidores con mejores productos y servicios.

Cabe destacar, que a diferencia de Venezuela, en América Latina existen algunas iniciativas que han combatido la burocracia con resultados eficaces para la economía, reduciendo los costos transaccionales y simplificando o integrando trámites, tal es el caso del sistema Chile Atiende, que funciona desde el año 2010. Esta plataforma permite crear una “clave única” que le facilita al ciudadano realizar cualquier trámite de manera online, reduciendo los pagos de trámites, el tiempo dedicado a ellos y los costos transaccionales que origina la burocracia excesiva.

De acuerdo a la Directora de la ONG Emprendedoras de Chile, Mary Montesinos, en este país se han simplificado los trámites para instalar una pequeña empresa, porque se entendió oportunamente que las Pymes son el motor de la economía chilena, porque generan el 88% de la empleabilidad. Las ventajas que el gobierno electrónico y la simplificación de trámites ofrecen, permiten registrar una empresa en un día con el uso exclusivo de la clave única al que tienen acceso las personas con carnet de identidad, mientras todos los procesos tributarios están digitalizados y son muy fáciles de realizar sin necesidad de intermediarios y sin costos de tiempo ni dinero que afecten la productividad.

En opinión de Montesinos, en Chile hay menos trabas burocráticas para pequeñas empresas y emprendedores que en Venezuela, además existen  diversas opciones de financiamiento que han ido creando un ecosistema de negocios que facilita el proceso para innovar, crecer y tener fácil acceso al mercado exportador a través del programa Prochile. El resultado observable es una economía de mercado que soportó en mejores condiciones los embates de la crisis durante pandemia, sin extinguir a las Pymes y a los emprendedores.

Por otra parte, para la empresaria venezolana Nínive Martel, experta en seguros e inversiones internacionales, es muy fácil iniciar un negocio en Chile, aunque obviamente la dificultad puede variar de acuerdo al sector económico donde se instale. Para Martel, este país ofrece ventajas para la inversión extranjera, ya que se puede instalar una empresa en muy pocos días, incluso digitalmente en un día de manera online, incluso si se hace desde Venezuela. Una pequeña empresa en Chile puede crearse en tres sencillos pasos en la web. Aunque de acuerdo a la opinión de Martel no es tan fácil obtener financiamiento, por límites y exigencias de los bancos, existen programas especializados para pequeños empresarios que no existen en Venezuela. El costo de emprender puede ser muy bajo si se trata de un negocio online, no obstante si se requiere espacio físico e insumos específicos, el costo puede ser alto porque se trata de una economía con una moneda fuerte.

Finalmente, Nínive Martel afirma que las oportunidades que le ha ofrecido este país como empresaria le han permitido independizarse, dolarizar sus ahorros, competir activamente en el mercado, obtener créditos para ampliar sus negocios, comprar vehículos, obtener altos ingresos, tener casa propia, financiar sus vacaciones, sin muchas trabas por parte del Estado. Además, la reducción de trámites burocráticos le han permitido participar en el ecosistema de negocios que asesoran a nuevos emprendedores; oportunidades que lamentablemente en Venezuela actualmente son impensables.

Mientras tanto, en sentido contrario a esta economía de mercado que funciona sin grandes obstáculos públicos, el gasto corriente y el aparato burocrático del régimen venezolano se continúa expandiendo, absorbiendo los recursos de los agentes privados, mientras la economía se contrae y debilita bajo la coerción de controles, impuestos y una burocracia gigante que crea innumerables obstáculos al ejercicio de las libertades económicas y humanas, imposibilitando la creación de nuevas empresas o la supervivencia de los pequeños empresarios.

Para el premio Nobel Amartya Sen, la expansión de las libertades ciudadanas condiciona el desarrollo de las sociedades, por lo tanto para lograr un mayor nivel de desarrollo humano a través de la gestión pública, es necesario eliminar los obstáculos que privan a los ciudadanos de oportunidades para desarrollar plenamente sus capacidades y talentos, por ejemplo, evitando que pierdan tiempo y dinero en trámites innecesarios o cuando se les provee de servicios públicos de calidad financiados con los impuestos que pagan.

Venezuela como el país más burocrático de América Latina tiene una economía inflacionaria, con contracción productiva, poco margen a la innovación, caída de la inversión, escasez y desempleo. Un gasto público creciente, toda la sociedad bajo obstáculos que sofocan las libertades económicas e individuales, colocan al país en los últimos lugares de los ranking de desarrollo humano y calidad de vida, empobreciéndolo hasta llegar a soportar una crisis humanitaria, de manera que los pequeños empresarios y emprendedores venezolanos sólo pueden prosperar instalándose en otras economías de la región donde el peso de la burocracia no los aplaste.

Con información de https://cedice.org.ve/

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