El Teatro de la Penumbra hace un ritual en Salem

Caos, masacre, persecución, religión, adoctrinamiento, todo sobre arena y pétalos de flores son parte del escenario de This is Salem.

«En el bosque unas niñas desnudas bailaban e invocaban muertos». Los habitantes del pueblo las acusaban de haber hecho un ritual y que durante el acto habían asesinado a Elizabeth Proctor. 

“Juguemos en el bosque mientras que el lobo no está. Juguemos en el bosque mientras el lobo no está. ¿Lobo estás?”, era la canción que habían usado en medio de la invocación y con velas a su alrededor y la noche arropando, la masacre ocurrió. 

Foto: Gleybert Asencio

«En el bosque vi como las niñas bailaban desnudas. Invocaban a los muertos. Mi sobrina tomaba sangre. Eso vi», decía el párroco de la historia.

This is Salem toma la conocida obra de Arthur Miller, Las brujas de Salem, y la transforma para aportar nuevos planteamientos que bajo la dirección de Andreína Polidor trae a las tablas de la Fundación Rajatabla la agrupación El Teatro de la Penumbra, con cinco personajes que a su vez se convierten en 15 porque el cuerpo pasa a ser una herramienta que les permite desdoblarse, transformarse, bajo un hipnotismo donde cada uno es juzgado en sus dos versiones por ellos mismos en una máscara: Su yo (el actor en la vida real) y el personaje que interpretan.

Foto: Gleybert Asencio

Fernando Garantón, José Alberto Briceño, Douglas Suniaga, Bethania Yáñez y Sain-Ma Rada, son los actores que dan vida a la historia en esta ocasión, una donde hay un juego de ficción y realidad. 

El cuestionamiento llega en la historia cuando se preguntan quienes son los verdaderos culpables de la tragedia: ¿El pueblo, unas niñas que jugaban en el bosque y fueron tildadas de brujas, la religión o la ignorancia?

«En Salem todos son pecadores», decía Abigail Williams (Bethania Yáñez). «Todos son el lobo», agregó Mary Warren (Douglas Suniaga)». Tal vez sean esas las respuestas, que el culpable era aquel que predicaba la religión y sus creencias, pero en acciones era lo opuesto; el que sabía la verdad y callaba, el que veía la injusticia y miraba hacia otro lugar.

Foto: Gleybert Asencio

John Proctor, interpretado por Fernando Garantón, mencionó que en Salem todo se salió de control por el poder, la persecución, «porque el diablo significaba desobediencia y al pueblo había que mantenerlo creyente, callado y sin distracción».

La iluminación en escena hacía juego con la escenografía. Estaba a tono con la música. Juntos eran un juego de escalofríos que jugaban con la mente del público porque interactúan de principio a fin con éste a través de los sentidos: El olor de la arena en el piso que se levanta en cada escena, el del tabaco, el alcohol usado en medio del ritual, todos los elementos juegan con los sentidos del espectador.

La obra no relata solo la historia de Salem, también hace una fuerte crítica a la sociedad, a las altas esferas que según expresan, buscan mantener ignorante al pueblo, señalando que en 2022 la persecución y el adoctrinamiento continúan. Mencionan ciclos que se repiten en la historia con nuevos rostros. Cometiendo una y otra vez los mismos errores. 

Foto: Gleybert Asencio

El montaje será presentado este 2 y 3 de agosto en el marco del Festival de Teatro Progresista en la Fundación Rajatabla. 

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