El Círculo de tiza, una alegoría a la justicia del pueblo

¿En la guerra hay lugar para la justicia y la bondad? El conflicto puede desatar lo mejor y lo peor de una sociedad, pero en el Círculo de tiza, bajo las decisiones de los Azdak, en realidad todo es posible. 

La guerra llegó a Grusinia y con ella la pelea por el trono. Los soldados se marcharon para luchar y mientras las penurias abrazaban a los campesinos, un bebé envuelto en una manta lujosa (Michel Abaschvili) pasa a ser el hilo que conecta toda la historia.

En medio del conflicto el gobernador es asesinado y su esposa huye para no tener el mismo destino. Ante la revuelta y la poca preocupación de la madre, quien solo velaba por sus vestidos, termina abandonando a su infantes, que posteriormente es encontrado por una de sus criadas (Grusche). 

El amor de Grusche por Michel se convierte en un sentimiento genuino, que la lleva a huir y proteger al pequeño buscado por la guardia, al morir su padre y ser el único heredero. 

Foto: Gleybert Asencio

Años después, la criada va a juicio tras las acusaciones de la verdadera madre, a quien aparentemente solo le importan los bienes y para eso necesita al bebé, quien fue criado, amado y protegido por la señalada como secuestradora del pequeño. 

La locura se había apoderado del pueblo y los Azdak, que no eran más que unos borrachos que supuestamente sabían de justicia, fue a quienes les tocó dar el veredicto sobre quién se quedaría con el niño, así que lo dejaron en manos del círculo de tiza, donde ambas mujeres pelearían por la custodia. 

Foto: Gleybert Asencio

Los cantores son quienes llevan esta historia al público, con música bajo la dirección de Boris Paredes, interpretada por todo el elenco, que hace de la experiencia un trabajo completo por parte de cada uno de los actores y deja ver en escena el engranaje del equipo.

Foto: Gleybert Asencio

Foto: Gleybert Asencio

Si existe la bondad en medio del conflicto, el significado de los lazos más allá de lo sanguíneo, el amor y la justicia, son algunos de los temas abordados en la historia, interpretada por un grupo de jóvenes que cierran, con la pieza, su taller de formación actoral.

Una obra del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, dirigida por Guillermo Díaz Yuma y Joe Justiniano, que lleva al espectador a vivir un drama a través de la comedia. Estará todos los fines de semana de agosto en el Teatro Luis Peraza, sede del Centro de Creación Artística TET.

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