Crepes: simplicidad y tradición francesa

Las crepes, además de huevos, mantequilla y leche, requieren harina blanca y azúcar, ambos considerados artículos de lujo en el pasado. Por lo tanto, no es de extrañar que las primeras recetas de crepes se registraran en París. No obstante, los siglos de experiencia en el horneado de tortas, pronto las convirtieron en especialidad bretona y en uno de los postres preferidos.

De sus viajes, los marineros bretones traían ron, agua de azahar, vainilla y canela, ingredientes muy apropiados para las crepes. Las posibilidades de su acompañamiento, dulce o salado, son prácticamente infinitas y, a pesar de ello, las creperías se caracterizan por la simplicidad y la tradición.

Mucho antes de que Francia sufriera la invasión de los fast-food americanos, las creperías se habían ganado la confianza de todos los franceses y eran la forma más popular de gastronomía francesa. La crepe permitía –y permite- saciar el hambre de forma rápida, económica y sabrosa.

La dulce crêpe Suzette es la más famosas de todas las crepes. Era el plato preferido del rey británico Eduardo VII, un gran admirador de Francia. Tal como era costumbre en el fin de siècle, pasaba el invierno en la Costa Azul.

En ese sentido, un día invitó a comer a una preciosa francesa a la que hacía la corte, llamada Suzette. Mientras preparaban las crepes para el postre, se incendió por descuido el licor de naranja que había en la mesa. Animosamente, el cocinero las sirvió dobladas dos veces como nueva creación. El príncipe de Gales quedó entusiasmado y bautizó la crepe flambeada con el nombre de su encantadora acompañante.

La mezcla de las crepes

Esta receta básica rinde para unas 12 crepes

Ingredientes

250 g de harina de trigo

3 huevos

1 pizca de sal

2 cucharadas de azúcar

2 cucharadas de mantequilla derretida

500 ml de leche tibia

Mantequilla para hornear

Preparación

Forme un hueco en la harina tamizada y coloque en él los huevos, la sal, el azúcar y la mantequilla derretida. Mézclelo todo con la leche tibia y forme una masa líquida. Deje reposar durante unos 3º minutos.

Caliente una pizca de mantequilla en una sartén. Ponga un poco de la mezcla y repártala uniformemente. Fríala hasta que la parte inferior esté cuajada y los bordes dorados. Dé la vuelta y fría por el otro lado.

Por Cocina y Vino

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