MEMORIA DE UNA PREGUNTA QUE DEJÓ FRÍO AL CAPITÁN DE ALASKA… Por Alejandro Prado Jatar

—Esas inmensas paredes de hielo tienen más de 200 pies de alto. Los bloques se van desplazando lentamente, desde la cota más elevada del glaciar, hasta el borde de esos farallones que caen al mar —confesó el oficial que dirigía la embarcación en donde yo estaba como pasajero.

Con la mirada puesta en la proa del pequeño navío, ese mismo capitán y también timonel, preguntó: —¿De dónde vienes?

—Vengo de Venezuela. Para ser más exacto, de una población costera localizada frente al Mar Caribe —fue mi escueta respuesta, sin que yo tampoco apartara la mirada sobre los residuos de icebergs que chocaban con la proa.

Enseguida, el marino de Alaska agregó:

—Para ti esto debe ser nuevo. Vienes de una región en donde los hielos naturales no existen.

Buscando una réplica mía que manifestara algún “GUAO” o un “QUÉ ARRECHO” traducido al idioma anglo-esquimal, el capitán de la lancha volvió con otra descripción acerca de ese paisaje estremecedor:…

—Una cosa que seguro tú no sabes es que esos hielos tienen más de cien mil años moviéndose y crujiendo entre ellos. Obviamente, eso no se observa en El Caribe —concluyó el marino, sonriendo y contemplando al gran muro frío, blanco e intimidante frente al modesto barco.

Tomé una inhalación profunda del aire gélido y puro para así elaborar una respuesta acorde y que pudiera dejar en alto mi orgullo tropical y caribeño.

Al final, decidí contestar con una pregunta inocente:

—Capitán, tengo una inquietud con respecto a la naturaleza imponente de estas costas… ¿Desde hace cuánto tiempo usted no ve por aquí a alguna chica en bikini?

En ese instante, el marino hizo un giro repentino con el timón y la embarcación comenzó a alejarse con prontitud de los glaciares.

Luego de esa maniobra y cambio de rumbo, el diálogo entre nosotros quedó ‘congelado’. Tan solo se escuchaba el ruido del tuntunéo producido por los pequeños icebergs que colisionaban con la proa de esa lancha que regresaba a puerto.

Alejandro Prado Jatar

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