Brecha educativa se profundiza al retrasar el cronograma escolar

En el período escolar 2021-2022 se perdieron por lo menos 26 días de actividades académicas porque el regreso a clases presenciales se fijó para el 25 de octubre de 2021. En este nuevo período de enseñanza 2022-2023 se perderán, de entrada, los primeros diez, pues el cronograma escolar quedaría reducido a 170 días


Diez días perdidos. Sin iniciar oficialmente el año escolar, el Ejecutivo nacional ha pospuesto dos veces en menos de un mes el día de inicio del año escolar 2022-2023. Más allá del cumplimiento del calendario, el retraso en el inicio del período académico se está convirtiendo en una costumbre que contraría la norma establecida en la Ley Orgánica de Educación, sin contar que afecta a todo el subsistema con más de ocho millones de estudiantes, quienes sin recibir mayor explicación van sobre la marcha enterándose de las fechas que se ajustan y se posponen «a conveniencia».

Este año, sin que fuese explícito por parte del Gobierno nacional, el cambio de fecha coincidió con las protestas que ocurrieron en el país en rechazo al pago fraccionado e incompleto del bono vacacional a los docentes, ordenado a través del instructivo Onapre. Sin embargo, la razón del retraso el año escolar pasado fue debido al «regreso progresivo a la presencialidad», luego del confinamiento por la pandemia.

Pero una de las consecuencias que más preocupa a padres y especialistas en el área educativa es que con toda esta situación la brecha entre la edad y el grado escolar cursado se hace cada vez más amplia.

Según la Ley Orgánica de Educación el período escolar debe comenzar el primer día hábil de la segunda quincena del mes de septiembre. Sin embargo, la ley de nuevo no se cumplió este año y serán diez la cantidad de días perdidos en el arranque del cronograma escolar.

Una situación similar se presentó en el período escolar 2021-2022, el primero en el que se retomó la presencialidad completa: las clases iniciaron en la semana del 25 de octubre y al finalizar solo hubo 154 días de clase de los 180 días mínimos que exige la ley.

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Fernando Pereira, educador y cofundador de Cecodap, explicó a TalCual que el retraso en el cronograma escolar tiene como efecto el aumento de la brecha educativa entre una minoría de estudiantes que se están educando en instituciones mejor mantenidas, dotadas y con docentes mejor pagados, y otra mayoría que debe afrontar el hecho educativo en condiciones de desventaja.

Cecodap

«A medida que los días hábiles disminuyen se resta posibilidad a las actividades de encuentro y promoción que logren reenganchar y motivar a los estudiantes, reconectarlos con lo escolar, que en estos tiempos pospandemia sigue siendo un gran un reto ante la desmotivación de los estudiantes que se han ido desvinculando».

El educador señala que también se les resta espacio a los momentos de nivelación y repaso para evaluar y diagnosticar en qué estatus está cada uno de los estudiantes. «También se recortan las actividades que se puedan utilizar para desarrollar los contenidos y objetivos».

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El relajo de la norma

El artículo 57 del Reglamento General de la Ley Orgánica de Educación dicta que «el año escolar del régimen ordinario se distribuirá en dos períodos sucesivos: el primero, dedicado a las actividades de enseñanza comprendido entre el primer día hábil de la segunda quincena del mes de septiembre y el último día hábil de la primera semana del mes de julio del año siguiente. Este período se utilizará para la realización de pruebas de diagnóstico, desarrollo de los programas de estudio, el proceso de evaluación del rendimiento estudiantil y las demás actividades curriculares y administrativas. Este período tendrá una duración mínima de ciento ochenta (180) días hábiles».

Raquel Figueroa, especialista en políticas educativas, afirma que hay un «relajo de la norma». A su juicio, desde el inicio de la pandemia hay un desorden en el cumplimiento del deber. «El proceso del régimen educativo no está en las leyes por capricho. Si eso es norma y ley, se debe cumplir a cabalidad dicha norma. Al no cumplirse hay también una violación a los derechos de los estudiantes».

«Estamos vía a una educación mediocre. Si no tenemos a todos los profesionales de la pedagogía en las distintas áreas de la ciencia para la formación del ciudadano y a esto se le agrega que se está reduciendo el tiempo para la formación, lleva a que en Venezuela estemos camino a una educación atrasada y mediocre», insiste Figueroa.

«Me voy a graduar y no aprendí nada»

Arantza Brizuela cursa 5to año de bachillerato en un colegio de Barquisimeto. Recuerda que incluso antes de la pandemia no iba todos los días a clase. «Algunas veces faltaba por el agua, otros porque no había luz». Cuenta que su situación académica empeoró cuando comenzaron las clases a distancia. «Las tres Marías (matemática, física y química) me hicieron sufrir. Teníamos que llevar ya las tareas listas y si teníamos dudas nos hacían un mateo en clases. Ya este año voy a 5to, me voy a graduar y voy a salir sin entender nada. No aprendí nada».

Para Arantza, el retraso en el cronograma escolar 2022-2023 es solo uno más en la lista de las deficiencias a las que el sistema educativo venezolano la ha expuesto.

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2021) «las cifras del rezago escolar aumentan entre las y los adolescentes de 12 a 17 años. Casi la mitad está en desventaja respecto a su trayectoria educativa».

Pero esta situación no solo la sufren los estudiantes que cursan bachillerato. Samuel (identidad reservada) vive en San Agustín del Sur. Aunque está a punto de cursar tercer grado de primaria todavía no sabe leer. «Con el virus casi no íbamos al colegio y mi mamá no me sabía enseñar. Entonces me quedé así”, dice.

Más allá del aprendizaje, las escuelas son espacios que ayudan y fomentan la convivencia, socialización y sirven de esparcimiento indistintamente de la edad del estudiante.

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Retraso también para padres

Mohammad Ahame, padre de un niño que cursa 3er grado, dice que este aplazamiento en la fecha de inicio de clases lo único que hace es «atrasar más a los niños. Después tienen que aprender todo en menos tiempo, apurados».

Pero los escolares no son los únicos perjudicados. Nancy Pérez, madre de una niña que cursa 1er grado, dice que «los padres también tienen un cronograma. Este retraso a su vez retrasa a los padres, el aprendizaje de los niños y los procesos de cada escuela. No me parece que decidan todo a dedo».

Carlos Viscuña, psicólogo con experiencia en el área educativa, plantea que no hay argumentos desde el punto de vista formativo que justifiquen la «medida arbitraria» de postergar el inicio de clases. «Este retraso lo único que va a lograr es que los docentes estén centrados en dar una cantidad de objetivos. Seguiremos trabajando en una educación que no escucha, ni le da espacio a los niños para cuestionar y participar», plantea.

Considera que es una desventaja para los alumnos debido a que se le resta tiempo al primer momento académico porque «es un lapso cuando se hace una evaluación pedagógica diagnóstica que es ponderación y es un espacio para el reencuentro y reconocimiento de los estudiantes con sus docentes y estudiantes entre sí».

Subraya que el segundo lapso académico es el momento de mayor complejidad cuando se desarrolla «al menos 25 % del año escolar». También recuerda que es el que más interrupciones administrativas y feriados tiene. «Se atraviesa Carnaval, Semana Santa». Por lo tanto, los contenidos se van a tener que recortar.

Otros padres, por el contrario, ven el cambio de fecha de inicio escolar como una oportunidad. Henry Tovar dice que las clases comiencen «más tarde» es una oportunidad, pues «así me da chance y consigo el dinero para poder comprar la lista de útiles escolares y uniformes».

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La brecha educativa está estrechamente ligada con la económica. La posibilidad de que los padres y madres puedan planificarse para cubrir las necesidades que implica el comienzo del año escolar también se ve afectada por la improvisación del anuncio.

«Primero dicen que es en septiembre y después lo posponen para octubre, pero como no hay seriedad, entonces puede ser que una semana antes de empezar nos pongan a sacar plata de donde no tenemos porque el Ministerio o el presidente decidieron que el año empieza cuando a ellos les parece», comenta Alejandra Martínez, madre de tres niños cursantes de 2do, 4to grado y 1er año de educación media.

El educador Fernando Pereira manifiesta que los estudiantes que están en condiciones de desventaja necesitarán más tiempo y un ritmo más lento para «nivelar y alcanzar los objetivos. Cuando eso se ve recortado, evidentemente termina afectando al estudiante y la calidad de su proceso educativo».

Destaca que los estudiantes en condición de desventaja «son los que, a medida que se alarga el período de vacaciones o asueto fuera de la escuela, tienen menores recursos en sus hogares para desarrollarse intelectual y cognoscitivamente porque sus familias no tienen las posibilidades de sectores medios, en los cuales los estudiantes aunque no tienen una clase formal tienen ventajas».

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Por: Tal Cual Digital
Fecha de publicación: 2022-09-24 06:00:54
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