La guerra que viene Por: Luis Manuel Marcano Salazar

No es necesario un mesurado ejercicio prospectivo para advertir el dilema que enfrentará Europa en un futuro mediato. Desde el final de la Guerra Fría, interpretada por algunos analistas como una derrota política y no militar de la Unión Soviética, empujada por la profunda corrupción y violación de los derechos humanos, atrapada en las vísceras de una hegemonía burocrática, que había abandonado a su pueblo y, a sus dictaduras satélites como la de Nicolae Ceaușescu en Rumanía y los regímenes pseudo-esclavistas, todos autoritarios de, Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía, la República Democrática Alemana y Yugoslavia, muchos líderes rusos han añorado aquellos tiempos de hegemonía soviética y poder real. A pesar del desarrollo militar y del poder desplegado durante tantos años, el peso de su degradación y la opresión absoluta hacia la sociedad fue una de las variables que van a condicionar su desmontaje; sencillamente los pueblos querían libertad, las personas necesitaban salir de aquellos regímenes en donde ver una película de betamax de Chuck Norris, era penado con prisión perpetua. (Ver Chuck Norris contra el comunismo)

El camino de la libertad, el mercado, el libre comercio de los productos que satisfacían, no solo aquellas necesidades que parecían privilegios, sino que, abrían un mundo nuevo y lleno de colores y libertad, significó para esas sociedades oprimidas el mejor camino por lo que, una vez verificada la caída de la URSS, Europa avanzó sin detenerse. No hubo entonces límites para la libertad, ni pactos de no extensión territorial que hayan quedado escrito; incluso apenas una minoría privilegiada, permaneció añorando la opresión. Simple y sencillamente, la oferta de la libertad, tuvo una mayor demanda en los pueblos.

Sobre la base del Tratado de Maastricht (1993), la Unión Europea despliega toda una planificación socio-política, económico-militar y estratégica para competir y expandirse a mayores espacios, dejando atrás un siglo convulso y de muchas heridas. Fundamentalmente, la idea de la gran Europa, a pesar de la existencia de la OTAN (1), era una apuesta de mercado, reñida con las obligaciones porcentuales, que, cada una de las naciones tenía con la Alianza Militar. El proceso de distensión que se va a sentir en Europa como consecuencia del fin de la Guerra Fría, va a generar un clima político esperanzador y de paz, de tal manera que el aporte de las naciones europeas a la Alianza variará entre el 1,50% y el 3,82% del gasto militar, (que fue el mayor aporte dado por Grecia), (ver cuánto aporta cada país a la OTAN), de tal forma que, naciones como Alemania, poseían, un arsenal militar prácticamente obsoleto, para la fecha de la invasión rusa a Ucrania. A pesar de que ya desde 2014 Rusia había mostrado sus intenciones belicistas en Ucrania, luego del conflicto doméstico que generará la independencia de Crimea, la Alianza Atlántica, se limitó, junto a Estados Unidos, a producir notas de protesta y declaraciones que no generaron mayores consecuencias que la estabilización de la nueva realidad. Hasta ese punto, Rusia había vencido.

Al final de la Guerra Fría, parte de los rangos medios militares de la ex Unión Soviética, se sintieron traicionados por sus líderes políticos que, según ellos, habían permitido la caída de la gran alianza soviética, sin haber disparado una bala. Los 90 con Boris Yelsin a la cabeza y la creación de la Comunidad de Estados Independientes, supondrá para Rusia, un intento de estabilización de la economía, la reestructuración del sistema político con la promulgación de la Constitución de 1993 y, el brote del conflicto en Chechenia al declararse independientes de Rusia, que los llevará a una cruenta guerra entre 1994 y 1996, escaramuzas que se repetirán en 1999, dando al traste con la denominada “era Yelsin”. Mientras se desmoronaba el desgastado gobierno de Yelsin, ex miembros de la KGB y de las ex Fuerzas Armadas Soviéticas, vieron una oportunidad para llegar al poder de las manos de Vladimir Putin (hombre cercano en el gobierno de Yelsin) quien además de abogado, había trabajado como agente del servicio exterior de la KGB en Alemania Oriental.

A pesar de que luego de 1991 Putin habría calificado al comunismo como “…un callejón sin salida, lejos de la corriente principal de la civilización…” (2), el proyecto político que va a llevarlo a la presidencia de Rusia, representará el rescate del poder hegemónico en la región que una vez tuvo la Unión Soviética. En efecto, al inicio de la invasión de Ucrania en febrero de 2022, habrá de invocar el supuesto incumplimiento de Europa de no extenderse hacia el Este. La inexistencia de tal acuerdo deja ver que Putin solo necesitaba excusas para concretar su incursión en Ucrania mediante su apoyo militar a las regiones del Dombás (Donetsk y Lugansk) que habían declarado su independencia. De tal manera que Vladimir Putin utilizó esas manifestaciones nacionalistas para avanzar militarmente contra Ucrania que, había declarado su intención de anexarse al Tratado de la Unión Europea, acción que supondría eventualmente, un paso hacia su alineación en la OTAN. Ello originó severas amenazas por parte de Rusia, que se extendieron contra Finlandia y Suecia. Mientras la atención internacional se enfocaba en el conflicto de la invasión rusa a Ucrania, la preocupación de parte del público atento, era que China hubiere aprovechado los momentos más álgidos del conflicto en Europa del Este, para avanzar contra Taiwán. Sin embargo, su agenda se mantuvo en contener la influencia estadounidense en parte de lo que Beijín considera, territorio chino.

Anuncios

Por tales razones, el panorama euroasiático se torna mucho más débil y explosivo de lo que fue, inclusive en medio de la Guerra Fría, durante las guerras de Corea y Vietnam. Lo es por tres razones fundamentales: 1-. Se observa en un primer plano, el arsenal atómico de los principales actores y su disposición a usarlo. 2-. Las acciones extrarregionales que afectan espacios geopolíticos, tanto de la OTAN contra China y, la influencia militar de China y Rusia en América Latina y, 3-. La disposición evidente de los actores, encaminadas a prepararse para el conflicto, como fue evidenciado en la Cumbre de la OTAN en Madrid (ver State Gov/ficha informativa, Cumbre de Madrid 2022) y, las declaraciones de Beijin y Rusia, contra Estados Unidos y occidente. Es decir, el mundo se prepara para la guerra. De tal manera que, parece lógico pensar, frente a la actual situación, que una alianza económico-militar chino-rusa, no parece lejana. Además, ambas potencias han verificado alianzas militares y, envío de tropas, a naciones latinoamericanas como Nicaragua y Venezuela, en el círculo de influencia geopolítico de Estados Unidos, cada vez más debilitado, gracias a la administración de Joe Biden, que no ha sabido ponderar ni enfrentar, los peligros que crecen y, se desarrollan en naciones vecinas que amenazan brutalmente la estabilidad de la región.

La prolongación del conflicto significa la extensión a Europa occidental

¿Por qué no consideramos que el conflicto ruso-ucraniano podrá terminar con un pacto, a pesar de las manifestaciones del presidente ucraniano Volodimir Zelenski, de sentarse con Vladimir Putin para poner fin a la guerra? Porque el proyecto político de Vladimir Putin es un proyecto eminentemente de poder hegemónico y, un pacto que limite su influencia sobre Ucrania (a pesar de haber controlado parte del territorio ucraniano y la región del Dombás) limitaría su poder y generaría una fractura en lo que ha considerado como la integración territorial necesaria de Rusia. Por ello, no se ve en el horizonte que Putin vaya a ceder terreno o a claudicar en lo que le ha costado a Rusia muchas vidas, recursos militares y económicos. Ello significaría un triunfo de la OTAN, nuevamente político, que esta vez el sector militar al que Putin pertenece y lideriza, no aceptaría. Las declaraciones de Vladimir Putin a occidente, de retar a la OTAN a enfrentarse militarmente, es una variable condicionante de que en la agenda rusa con Putin al frente, no está la firma de un acuerdo de Paz con Ucrania, todo lo contrario, su agenda belicista es, de alguna manera, generar influencia diplomática para que China haga lo propio contra Taiwán, que Estados Unidos tenga otro tablero de conflicto que enfrentar y, avanzar en sus amenazas contra Finlandia y Suecia, es decir, iniciar la peor pesadilla que Europa y el mundo haya imaginado en los últimos 70 años.

Tal vez no ocurra de inmediato, como muchos analistas advierten, pero, el mapa del nuevo conflicto euroasiático está marcado. Rusia no desmallará en sus pretensiones expansionistas contra Ucrania y, Ucrania resistirá hasta cuando haya sido ocupada por las tropas rusas. En todas las circunstancias y escenarios, Putin ha perdido la guerra frente a la historia. No hay una norma del Derecho Internacional contemporáneo que vaya a legitimar una anexión por la fuerza y, la comunidad internacional, en especial la OTAN, no permitirá que se concrete un golpe contra la libertad, la independencia y la autodeterminación de los pueblos. En la otra mano, los chinos han sido más pacientes con su vecino Taiwán a quienes consideran una provincia rebelde China por lo que, el conflicto no es inminente a menos que, la administración de Biden, ya con suficientes errores de política exterior y de defensa, de pasos hacia la estimulación, aliento y protección de la libre autodeterminación e identificación nacional taiwanesa que, hasta ahora, ha sido manejado con moderación por ambas partes.

Si bien es cierto que la guerra no ha estado alejada de la agenda mundial, la guerra que viene es mucho más peligrosa y letal, ya que no cuenta con ningún pacto que desarrolle, la mutua destrucción asegurada (ver John Von Neumann), ni la voluntad política de las potencias nucleares del mundo de disminuir sus arsenales. Todo lo contrario, aumentan sus armas, cada vez más destructivas y, amenazan con darle uso.

El tema se hace mucho más complejo y peligroso si se considera que, ya Rusia y China, tienen en Nicaragua y Venezuela, una cabeza de playa para hacerle frente a occidente desde su propia orilla. Si se evalúan las declaraciones de Daniel Ortega de Nicaragua y Nicolás Maduro de Venezuela (quienes por los momentos parecen tener y controlar el poder total en sus países, con ninguna o poca oposición, que haga entender que en los próximos años dejarán el poder), se entiende que para Estados Unidos, especialmente Venezuela en una alianza militar con la República Islámica de Irán (que merecerá un análisis particular), representa una real amenaza contra la seguridad doméstica no solo de Estados Unidos, sino de toda América Latina, aspecto que no parecen advertir algunos gobiernos en la región.

Finalmente, si no nos equivocamos, el mundo podría enfrentar en los próximos años, una guerra globalizada, si los líderes que representan a los actores en conflicto siguen a la cabeza de sus gobiernos y, si los pueblos no advierten que cambiar a líderes belicistas, al precio que sea, es el mejor camino para la paz.

FUENTE ORIGINAL EL NACIONAL

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.