Rehenes y vampiros emocionales (Inteligencia emocional en situaciones extremas)

En su celda de aislamiento redactó el manuscrito y en el ambiente carcelario y de privación de libertad, ha puesto a prueba sus enseñanzas

3/a Rehenes y vampiros emocionales

Las emociones son producto de nuestra evolución como seres humanos.  La forma como nuestro cerebro se ha ido desarrollando por miles de años las coloca en un lugar privilegiado en nuestro sistema de respuestas, sólo antecedido por el cerebro denominado reptil. Es por tal condición, que somos vulnerables a su influencia por encima de la racionalidad apareada con la neocorteza. Es esa condición de nacimiento previo de las emociones, la que nos hacen particularmente vulnerables a ellas, ya que se encuentran como haciendo de relleno de un emparedado, en  donde en una tapa se encuentra el cerebro básico y en la otra el sistema neocortical.

       Entre esas dos rebanadas tenemos al sistema límbico, que atesora las emociones y actúa de forma intermedia entre la respuesta reptil diseñada para manejar la supervivencia desde un sistema binario: huir o pelear, y la derivada de la neocorteza, donde se presentan los procesos mentales superiores como el lenguaje y la matemática, por solo identificar unos. 

       Cuando  se origina un evento, un acto, una palabra o un pensamiento  el sistema límbico se activa y genera una emoción que resulta en un impulso para la acción. Ese accionar puede producirse fuera de nuestro ámbito de control, convirtiéndonos en rehenes de un secuestro emocional. Son muchos los casos donde emociones básicas pero poderosas atrapan a sus víctimas y los llevan a cometer los más brutales actos para luego liberarlos cuando es demasiado tarde y el agresor se descubre arrepentido. En los medios de comunicación nos topamos regularmente con informaciones que evidencian cómo las emociones matan tanto como la droga o el alcohol, en los denominados crímenes pasionales.

       El 10 de mayo de 2017 se relataba el asesinato de tres niños  del área metropolitana de Caracas, cuando la pareja de la bisabuela en un arrebato de celos, lanzó un cubo de gasolina a la habitación en que dormían los pequeños al ver  a la madre conversar con un amigo. Ese solo evento, verla hablando con un amigo,  desencadenó en el agresor, secuestrado emocionalmente, un arrebato de ira de tal magnitud que lo llevó arrastrado emocionalmente hasta donde estaba el recipiente, luego al depósito de gasolina, llenarlo y trasladarse hasta la habitación donde asesinaría a tres inocentes vidas.

       En otro arrebato de celos, un funcionario de la policía científica de Venezuela, quien tiene que haber pasado por varias pruebas sicológicas para alcanzar el cargo policial, mató en la ciudad de Mérida a un compañero por celos. El relato espeluznante de la prensa es el siguiente: «El autor material del crimen, un detective jefe, confesó a las autoridades que el pasado sábado llegó a su casa y vio a su esposa acostada con otro detective. El funcionario homicida relató que al ver el hecho agarró su arma y le disparó en múltiples ocasiones a su compañero de trabajo. Después de acribillarlo a tiros, lo desmembró y prendió fuego a los restos en la parte trasera de la vivienda. Para tratar de ocultar la escena metió las partes óseas en una bolsa y las lanzó al río Chama. Los restos de la víctima no han sido encontrados, pero las autoridades siguen la búsqueda del ‘paquete’ en el afluente del cuerpo de agua.  Funcionarios de la Dirección Nacional de Homicidios de la policía científica continúan las investigaciones con base en las declaraciones dadas por el homicida y su esposa».

       También, el 15 de junio en el 2017  se reseña el caso del asesinato de un disparo de escopeta en la frente de un técnico en refrigeración en momentos en que la víctima se encontraba en la manzana E-11 de la Urbanización Tricentenaria de Araure visitando a la ex pareja del supuesto homicida. Versiones policiales indican que el trabajador estaba saliendo de la residencia de una dama, cuando se apareció el exmarido de esta, y sin decir una sola palabra sacó una escopeta con la que le disparó directo al rostro de  quien murió en el sitio. 

       Los eventos narrados nos muestran el dramático resultado del arrebato de las emociones, y como un evento sobrevenido cambia el destino en fracciones de segundos de todos los involucrados. Estas explosiones pasionales que nos llevan a la locura temporal, son atribuidas al poder que el sistema límbico ejerce sobre nuestro cerebro de tal forma que la racionalidad queda aplastada por la pasión que secuestra nuestra conducta y la empuja hacia el precipicio de la irracionalidad.

       Ese arrebato incontrolable es al que Daniel Coleman ha denominado asalto emocional y nosotros hemos preferido calificar como secuestro emocional.  Sabemos que secuestro es la privación ilegítima de la libertad de una persona. Nosotros preferimos este concepto porque hace más ilustrativo el estado de sumisión en que se encuentra la neocorteza, la parte pensante del cerebro, ante la furia de los otros dos cerebros, el límbico y el reptil.

       Es posible  imaginar la obnubilación del funcionario policial, cuando  encuentra a su esposa con un amigo en la cama. En ese instante, la ira producida por los celos, toma control de cuerpo y cerebro  generando una  reacción química en cadena que provoca una alteración mental y física que deja en manos de la irracionalidad los mandos de nuestra conducta. Es como si una fuerza externa tomara el control remoto de nuestra vida por un instante y apagara un individuo, para encender otro totalmente distinto.

       El escritor español Francisco Ayala ha dicho con acierto: «Nada debe turbar la ecuanimidad del ánimo; hasta nuestra pasión, hasta nuestros arrebatos deben ser medidos y ponderados». 

       Sometidos a un ataque emocional, es cuando más obligante se hace el autocontrol como parte de las competencias que corresponden a la inteligencia emocional. En el capítulo correspondiente, hablaremos de estas aptitudes tan indispensables para hacer la diferencia entre lo catastrófico y lo emocionalmente inteligente.

       Pero, ¿quiénes son los vampiros emocionales? Hay quienes dicen que las emociones son energía, otros las definen como reacciones psicofisiológicas. El Taoísmo, habla de cinco emociones primarias relacionadas con los principales órganos internos: la alegría al corazón, la cólera al hígado, el miedo a los riñones, la tristeza a los pulmones, y el pensamiento ansioso al bazo. En todos los casos se presenta una acción que suma o resta en la interacción con otras.  Las energías que fluyen de forma positiva o negativa hacen la diferencia en nosotros y nuestro entorno.   Muchas veces vemos a una especie de   antílope rodeado de hienas que saltan a la yugular de la energía emocional dejando a su presa sin fuerzas.

       En su libro Vampiros emocionales, el doctor Albert J Bernstein pregunta a sus lectores: «¿Alguna vez has sentido cuando estás en presencia de ciertas personas, o una en concreto, como que estás sin fuerzas, con sensación de peligro, pero que no puedes alejarte de esa persona o personas? ¿Has experimentado alguna vez la desazón de sospechar que cuánto más tiempo concedes y consientes a esa persona, aparentemente dulce y hasta entrañable, más va a tomar el control de tu vida y menos capacidad de reacción y fuerza de voluntad vas a disponer tú, dependiente de sus caprichos?»

       El psicólogo clínico y periodista advierte que el vampiro emocional no busca tu sangre, como el mitológico personaje de novela de terror; sino que busca y consume tu energía. Te busca para descargar toda su negatividad y todos sus problemas encima de ti, pero sin ningún propósito de enmienda, es decir, es la típica persona que te envuelve, te absorbe, te manipula, se desahoga, y luego se va, dejándote totalmente debilitado y agotado anímicamente. El vampiro emocional no tiene intención de cambiar y mejorar su situación, simplemente quiere recargar su batería y dejarte a ti apagado o «fuera de cobertura».

       Los  rehenes son víctimas y por el contrario, los  vampiros son victimarios. En ambos casos las emociones son las armas. Estos impulsos para la acción son como la luna con un lado brillante y el otro oscuro, dependiendo de nuestra capacidad para gerenciar sus efectos. Cuando usas las emociones para construir a tu alrededor un ambiente que permita el alcanzar los objetivos propuestos, conviertes en herramienta de desarrollo personal, lo que para otros es un arma destructiva.

       Es fácil entender que si las emociones te controlan estarás a merced de ellas y de quienes las usen en tu contra. Pasa lo mismo que con el poder de la palabra, como veremos cuando revisemos nuestra Fórmula P+E+P, que nos permite hacer del verbo un utensilio para edificar puentes con el resto de las personas o, por el contrario, usarlas para dinamitar los canales de comunicación con estas.

       Las emociones tienen un poder propio que es peligroso. Eso hace indispensable ejercitar nuestras reacciones con antelación para evitar sucumbir ante el azar. Es como entrenar en un polígono de tiro para evitar disparar a las figuras inofensivas. 

Editor Reporte Confidencial / Abogado 18342 / Comunicador SNTP 8248 / Locutor 17210 / Profesor Inteligencias / Escritor / 7 libros amzn.to/2G3W6ja

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