la explosión que trajo el infierno a Arrecifes

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“A mí la muerte ya no me asusta. Nosotros conocimos el infierno cuando se registró la segunda explosión del tanque en Tacoa”. La afirmación sale de la boca de Verónica Izaguirre tras un largo silencio. No le gusta hablar del tema y accede a regañadientes.

Izaguirre tenía 18 años cuando ocurrió la llamada Tragedia de Tacoa, el 19 de diciembre de 1982, cuando los tanques 8 y 9 de la planta termoeléctrica Ricardo Zuloaga (hoy planta termoeléctrica Josefa Joaquina Sánchez Bastidas) explotaron. Entre ambas estructuras, se calcula el almacenamiento de casi 17 millones de litros de petróleo, usado como combustible para la faena.

El suceso arrojó el sensible saldo de 160 fallecidos, entre ellos 49 bomberos y 8 periodistas, 300 desaparecidos, 500 viviendas destruidas, cientos de vehículos calcinados y un recuerdo que marcó la vida de miles de personas, especialmente de los residentes de Arrecifes, una población al oeste del estado Vargas.

De acuerdo a la versión oficial, a las 5:25 am estalló el tanque número 8 y con la explosión desaparecieron las dos primeras víctimas de ese día, Luís Natera y José Manuel Rodríguez, un par de obreros dela compañía privada La Electricidad de Caracas, que realizaban labores rutinarias, la descarga y trasegado del combustible utilizado en la generación de la electricidad que consumían Caracas y Vargas. Un tercer obrero, Alexis Alsaul, quien también cumplía con su faena laboral, sobrevivió a la explosión y con severas quemaduras logro activar la alarma de emergencia.

Mi mamá gritaba horrible y los vecinos. El olor de quemado era insoportable y el humo no te dejaba respirar. Era grueso y negro. Se te pegaba en la piel. Yo era la mayor de mis hermanos y tuve que ayudar a sacarlos de la casa. Mi papá era pescador y desapareció ese día. Dos de mis amigos del liceo fallecieron. Ese es un dolor eterno. Aunque desalojamos la casa, volvimos como a los seis años y aquí nos quedamos en Arrecife, porque esto era nuestro”, refiere vía telefónica Izaguirre.

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La mujer, que hoy es docente jubilada, responde al preguntarle sobre su recuerdo más difícil y reitera que la segunda explosión. “El ruido, el fuego y esa oleada gigante me estremeció.Los muertos, el llanto y las sirenas de los carros de bomberos. No importan los años, pero ese día es un mal recuerdo, que a muchos nos ha costado sanar. Ese día conocimos el infierno”.

 Bajas bomberiles y de la prensa

Cada 19 de diciembre, el reportero gráfico Cruz Alejandro Sojo da gracias por la vida. No solo porque celebra su cumpleaños los 18 de diciembre, sino porque al día siguiente de cumplir los 21 años, le tocó cubrir para el medio regional del litoral central Diario Puerto la tragedia de Tacoa.

“Como yo había sido de la brigada juvenil de los bomberos, conocía a muchos funcionarios, así que tome la cámara, varios rollos de negativos y me fui con ellos. Cuando llegué, eso era el infierno”.

Sojo recuerda que, como era un aprendiz, se replegó de los reporteros gráficos con más experiencia: Román Rosales de Ultimas Noticias y Carlos “Cachapita Martínez, de El Nacional. “A mediodía los bomberos nos dijeron que la situación estaba controlada y nos permitieron acercarnos a la zona de explosión. En ese momento llegó el entonces Prefecto de Vargas, Tito Olivares y ofreció un puesto para sobrevolar la zona en helicóptero. Román Rosales me dijo por dónde nos podíamos acercar al tanque, pero Cachapita me dijo, “más bien vamos a subir para lo del helicóptero”. Cuando estábamos a menos de medio camino fue la segunda explosión. Recuerdo el calor en la nuca y correr por ese cerro. Tuvimos que socorrer a unos policías quemados y ayudarlos a salir. Román Rosales murió en esa explosión”.

Además de Rosales, Tacoa arrebató la vida la periodista Mariadela Russa y otros tres integrantes del equipo de Venezolana de Televisión,  al periodista Carlos Moros y al reportero gráfico Salvatore Veneziano, ambos de El Universal.

“Tacoa fue mi primer encuentro cercano con la muerte. Yo venía de celebrar mi vida y vi como gente de mi edad, que habíamos estado juntos en los bomberos, murieron”, acota el hombre, hoy de 61 años de edad, mientras recuerda a compañeros de brigada y bomberos, como los hermanos Huertas, Alberto Paredes y José Manuel Contreras, todos desaparecidos en las llamas de Tacoa.

Según el registro del Cuerpo de Bomberos Metropolitanos, unas 70 bajas, entre funcionarios activos y voluntarios, se confirmaron para esa fecha.

 Cuarenta años después, Arrecifes está compuesta por más de mil casas que rodean nuevamente la planta. Por normas de seguridad, los tanques ya no tienen combustible, sino agua. Sin embargo, el infierno sigue en el recuerdo.

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Por: El Pitazo

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