Partes de nuestro cerebro que participan en las emociones (APRENDA)

Por: Braulio Jatar Alonso

La emoción tiene dos componentes, conforme lo señala el portal uam.es: uno es la sensación subjetiva que sentimos en nuestro interior; el otro componente es la manifestación externa de la emoción. A veces es posible separar los dos componentes; por ejemplo, un actor puede simular todas las manifestaciones de una emoción sin realmente sentirla. Eso indica que estos dos aspectos de la emoción pueden residir en regiones separadas del sistema nervioso. 

       Cabe recordar que el sistema límbico no es exactamente una región anatómicamente exacta del encéfalo, sino que es más bien una red de neuronas distribuidas por el cerebro y que quedan mezcladas entre muchas estructuras diferentes. Es decir, que el concepto de sistema límbico tiene más que ver con la función que tienen estas zonas que con su naturaleza como parte concreta y bien delimitada del cerebro. Sin embargo, sí se pueden señalar partes del encéfalo que tienen un papel de suma importancia dentro de la red de interconexiones que es el sistema límbico y que, por tanto, sirven para hacernos una idea sobre cuáles son las zonas por las que pasa este circuito. Las partes del sistema límbico son las siguientes:

       Hipotálamo: Una de las zonas del diencéfalo más involucradas en la regulación de las emociones, por su conexión con la glándula pituitaria y por lo tanto con el sistema endocrino y todas las partes del cuerpo en el que se liberan todo tipo de hormonas.

       Hipocampo: El hipocampo tiene una función muy importante en los procesos mentales relacionados con la memoria, tanto en la memorización de experiencias e informaciones abstractas como en la recuperación de recuerdos. Los hipocampos están localizados en la cara interior de los lóbulos temporales, muy cerca del tálamo y las amígdalas.

       Amígdala: Las amígdalas cerebrales están situadas al lado de cada hipocampo, y por lo tanto hay una en cada uno de los hemisferios del cerebro. Su papel está relacionado con la respuesta emocional aprendida que despiertan ciertas situaciones, y por lo tanto están involucradas con el aprendizaje emocional, por lo cual tienen un rol en el sistema límbico.

       Corteza orbitofrontal: En los límites del sistema límbico se encuentra la corteza orbitofrontal, que es la válvula de salida de las órdenes «emocionales» hacia zonas del lóbulo frontal encargadas de la planificación y creación de estrategias. Por tanto, tiene un importante papel a la hora de aplacar los «impulsos irracionales» que llegan del sistema límbico y hacer pasar solo parte de estas señales, aquellas que servirán para definir bien los objetivos de las acciones con metas a medio o largo plazo.

       Lo importante es entender que cada uno de estos órganos son los responsables de nuestra personalidad emocional. Este sistema que es denominado por algunos también como cerebro  mamífero y en donde destaca entre este grupo de animales, el amor maternal así como el recuerdo emocional. 

       En Internet se hizo viral el video de un cachorro de león, llamado Christian, al que sus dueños tuvieron que devolver a su ambiente cuando se hizo muy grande. Un año después lo fueron a visitar, y lo encontraron formando parte de una manada. El felino los observó y se les acercó con cautela, lo que luego aconteció puso lágrimas en más de un espectador del video en youtube; el animal saltó sobre sus criadores para abrazarlos tal y como hacía de pequeño. 

Esas demostraciones de cariño de un perro, un gato o un león como el narrado son propios del nivel alcanzado por los mamíferos y ausentes en otras especies como los reptiles. El hecho de amantar puede entenderse como la conexión necesaria para el sentido del amor maternal y de allí hacia otras emociones.

       En el integrado emocional, las amígdalas emocionales cumplen el trabajo de un guardián en  alerta de forma permanente. El denominado centinela de las emociones, tiene un gran parecido con el que lleva la misma denominación dentro del ámbito militar.

       Un centinela es un guardia o vigía militar emplazado en un puesto de observación para proteger un lugar, instalaciones, material o personas, descubriendo cualquier persona en las inmediaciones; franqueando el paso a los portadores de una contraseña, impidiéndoselo a los demás y dando la alarma en caso de ataque o cualquier otra eventualidad, así lo define Wikipedia.

       En el caso de las amígdalas estas son las que nos ponen alertas ante cualquier situación y, conforme a estudios,  la información del mundo exterior llega primero a ellas que a la neocorteza, por lo que su respuesta antecede a la racional propiamente dicha y nos centra en la emocional, de allí la importancia de administrar sus consecuencias.

       ¿Recuerdan el duelo de los vaqueros? Eso es exactamente lo que sucede cuando dos pares de amígdalas emocionales se excitan a la pelea. Unas van contra las otras disparando emociones cuyas consecuencias dependerán de la forma como cada persona calibre sus respuestas.

       Cuando se nos ha preguntado que aconsejamos cuando los «gritos» de las amígdalas hieren de lado y lado la relación de pareja, y una de ellas en medio de la hirviente situación le pide que la escuche con atención,  advertimos que si lo que oyen es a la amígdala vociferar abandonen físicamente el sitio. Cuando en un alocado intercambio de frases agresivas e insultantes no hay mensajes, las amígdalas entienden que no hay clave o contraseña y atacan sin medir las consecuencias. La orden es acabar con el intruso de forma verbal o físicamente  siendo así, lo mejor, repetimos, es abandonar la escena.

       Para evitar que las amígdalas sean las que decidan nuestro presente, los lóbulos prefrontales en el límbico administran las emociones, tal y como los gerentes lo hacen con recursos naturales y humanos. Esa gerencia emocional es la que permite poner en contexto las respuestas «impensadas» de los vigilantes emocionales.

       Por otra parte, el hipocampo archiva la memoria emocional, y nos da la perspectiva sobre situaciones aprendidas, como reconocer que un hombre con un cuchillo vestido de chef no implica el mismo peligro de uno que se nos acerca en la noche en un callejón solitario.        En el caso del hipotálamo digamos que es nuestro traductor instantáneo entre el mundo exterior y nuestro mundo interior. Los que observamos a través de nuestros sentidos no entra directamente a nuestro entendimiento para ello hace falta un ordenador de la información. El hipotálamo se encarga de hacer el trabajo que nos educa con respecto a nuestro entorno

La emoción tiene dos componentes, conforme lo señala el portal uam.es: uno es la sensación subjetiva que sentimos en nuestro interior; el otro componente es la manifestación externa de la emoción. A veces es posible separar los dos componentes; por ejemplo, un actor puede simular todas las manifestaciones de una emoción sin realmente sentirla. Eso indica que estos dos aspectos de la emoción pueden residir en regiones separadas del sistema nervioso. 

       Cabe recordar que el sistema límbico no es exactamente una región anatómicamente exacta del encéfalo, sino que es más bien una red de neuronas distribuidas por el cerebro y que quedan mezcladas entre muchas estructuras diferentes. Es decir, que el concepto de sistema límbico tiene más que ver con la función que tienen estas zonas que con su naturaleza como parte concreta y bien delimitada del cerebro. Sin embargo, sí se pueden señalar partes del encéfalo que tienen un papel de suma importancia dentro de la red de interconexiones que es el sistema límbico y que, por tanto, sirven para hacernos una idea sobre cuáles son las zonas por las que pasa este circuito. Las partes del sistema límbico son las siguientes:

       Hipotálamo: Una de las zonas del diencéfalo más involucradas en la regulación de las emociones, por su conexión con la glándula pituitaria y por lo tanto con el sistema endocrino y todas las partes del cuerpo en el que se liberan todo tipo de hormonas.

       Hipocampo: El hipocampo tiene una función muy importante en los procesos mentales relacionados con la memoria, tanto en la memorización de experiencias e informaciones abstractas como en la recuperación de recuerdos. Los hipocampos están localizados en la cara interior de los lóbulos temporales, muy cerca del tálamo y las amígdalas.

       Amígdala: Las amígdalas cerebrales están situadas al lado de cada hipocampo, y por lo tanto hay una en cada uno de los hemisferios del cerebro. Su papel está relacionado con la respuesta emocional aprendida que despiertan ciertas situaciones, y por lo tanto están involucradas con el aprendizaje emocional, por lo cual tienen un rol en el sistema límbico.

       Corteza orbitofrontal: En los límites del sistema límbico se encuentra la corteza orbitofrontal, que es la válvula de salida de las órdenes «emocionales» hacia zonas del lóbulo frontal encargadas de la planificación y creación de estrategias. Por tanto, tiene un importante papel a la hora de aplacar los «impulsos irracionales» que llegan del sistema límbico y hacer pasar solo parte de estas señales, aquellas que servirán para definir bien los objetivos de las acciones con metas a medio o largo plazo.

       Lo importante es entender que cada uno de estos órganos son los responsables de nuestra personalidad emocional. Este sistema que es denominado por algunos también como cerebro  mamífero y en donde destaca entre este grupo de animales, el amor maternal así como el recuerdo emocional. 

       En Internet se hizo viral el video de un cachorro de león, llamado Christian, al que sus dueños tuvieron que devolver a su ambiente cuando se hizo muy grande. Un año después lo fueron a visitar, y lo encontraron formando parte de una manada. El felino los observó y se les acercó con cautela, lo que luego aconteció puso lágrimas en más de un espectador del video en youtube; el animal saltó sobre sus criadores para abrazarlos tal y como hacía de pequeño. 

Esas demostraciones de cariño de un perro, un gato o un león como el narrado son propios del nivel alcanzado por los mamíferos y ausentes en otras especies como los reptiles. El hecho de amantar puede entenderse como la conexión necesaria para el sentido del amor maternal y de allí hacia otras emociones.

       En el integrado emocional, las amígdalas emocionales cumplen el trabajo de un guardián en  alerta de forma permanente. El denominado centinela de las emociones, tiene un gran parecido con el que lleva la misma denominación dentro del ámbito militar.

       Un centinela es un guardia o vigía militar emplazado en un puesto de observación para proteger un lugar, instalaciones, material o personas, descubriendo cualquier persona en las inmediaciones; franqueando el paso a los portadores de una contraseña, impidiéndoselo a los demás y dando la alarma en caso de ataque o cualquier otra eventualidad, así lo define Wikipedia.

       En el caso de las amígdalas estas son las que nos ponen alertas ante cualquier situación y, conforme a estudios,  la información del mundo exterior llega primero a ellas que a la neocorteza, por lo que su respuesta antecede a la racional propiamente dicha y nos centra en la emocional, de allí la importancia de administrar sus consecuencias.

       ¿Recuerdan el duelo de los vaqueros? Eso es exactamente lo que sucede cuando dos pares de amígdalas emocionales se excitan a la pelea. Unas van contra las otras disparando emociones cuyas consecuencias dependerán de la forma como cada persona calibre sus respuestas.

       Cuando se nos ha preguntado que aconsejamos cuando los «gritos» de las amígdalas hieren de lado y lado la relación de pareja, y una de ellas en medio de la hirviente situación le pide que la escuche con atención,  advertimos que si lo que oyen es a la amígdala vociferar abandonen físicamente el sitio. Cuando en un alocado intercambio de frases agresivas e insultantes no hay mensajes, las amígdalas entienden que no hay clave o contraseña y atacan sin medir las consecuencias. La orden es acabar con el intruso de forma verbal o físicamente  siendo así, lo mejor, repetimos, es abandonar la escena.

       Para evitar que las amígdalas sean las que decidan nuestro presente, los lóbulos prefrontales en el límbico administran las emociones, tal y como los gerentes lo hacen con recursos naturales y humanos. Esa gerencia emocional es la que permite poner en contexto las respuestas «impensadas» de los vigilantes emocionales.

       Por otra parte, el hipocampo archiva la memoria emocional, y nos da la perspectiva sobre situaciones aprendidas, como reconocer que un hombre con un cuchillo vestido de chef no implica el mismo peligro de uno que se nos acerca en la noche en un callejón solitario.        En el caso del hipotálamo digamos que es nuestro traductor instantáneo entre el mundo exterior y nuestro mundo interior. Los que observamos a través de nuestros sentidos no entra directamente a nuestro entendimiento para ello hace falta un ordenador de la información. El hipotálamo se encarga de hacer el trabajo que nos educa con respecto a nuestro entorno

Editor Reporte Confidencial / Abogado 18342 / Comunicador SNTP 8248 / Locutor 17210 / Profesor Inteligencias / Escritor / 7 libros amzn.to/2G3W6ja

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