Edgardo Arévalo escala posiciones en Caracas

Vivir frente al antiguo hipódromo Municipal de Ciudad Bolívar inspiró su sueño de ser jockey. Luchó, con disciplina, por lograr lo que se propuso y -sobreponiéndose a la adversidad- consiguió hacer realidad lo que anheló: ser jinete. Actualmente, Edgardo Arévalo es el ejemplo de que cuando una persona toma la valentía para seguir el llamado de su corazón, consigue todo lo que desea.

“Asistía al Municipal y luego a Rancho Alegre. Ahí nació mi deseo de ser profesional del hipismo y estoy cumpliendo mi sueño como en La Rinconada”, recordó el látigo, después de hacer los traqueos el pasado miércoles en el óvalo de Coche.
Fue hace dos años cuando se le abrieron las puertas del mundo hípico para el nativo del estado Bolívar. “En 2017 gané 43 ó 44 carreras”. De ahí en adelante, se ha encargado de dejar su huella en las pistas.

Además, con resiliencia, superó una lesión en la cervical (por un accidente en 2012) que lo mantuvo alejado de los circuitos entre dos y tres años.

Su admiración
“Yo veía los programas de televisión y quería estar ahí, corriendo. Me lo imaginé”, expresó Arévalo, quien manifestó su gran admiración por su homólogo Ángel Alciro Castillo.

“Siempre me maravilló verlo montar. Recuerdo que llegué a competír con él en La Rinconada. Aunque nunca le dije que lo admiraba, es una gran inspiración para mí como jinete”, enfatizó y agregó que también valora la labor de Emisael Jaramillo como fusta.

El profesional de 29 años de edad sigue trabajando duro para cumplir sus sueños.
“Mi meta es emigrar al hipismo internacional. Han habido conversaciones para ir a Estados Unidos, pero también hay planes para estar en el Caribe”.

Por lo pronto, hoy firma tres montas en La Rinconada con: North Music (primera carrera), Beorn (segunda válida) y Cesaria Évora (sexta válida).

Por una nariz

Arévalo, con gran simpatía, rememoró un caballo que lo marcó: Aspiration. “En diciembre pasado (2018) ganó la carrera y fue mi victoria 60 como jinete. Resultó tremenda competencia porque el triunfo al final se decidió por una nariz”, sostuvo.

Finalmente, el joven comunicó que también es amante del fútbol. “Me gusta Brasil y por eso le puse Thiago Alejandro a mi hijo de cinco años de edad”. Todos sus triunfos se lo dedica a su familia y a su primogénito.

Edgardo José Arévalo, fanático de Mineros de Guayana, es un ejemplo de que los sueños sí se hacen realidad cuando se comienza con el fin en la mente y se le pone disciplina.

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