Viaje a Chernóbil: cómo ir, qué ven los turistas, cuánto cuesta

Fuente: ABC

El pasado 26 de abril se cumplieron 33 años del terrible accidente nuclear de Chernóbil, cuya fuga radiactiva causó miles de muertos y contaminó ingentes territorios en Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Sobre aquella escalofriante catástrofe se han filmado en los últimos años varias películas de ficción y documentales.

Se han escrito libros, tesis doctorales y se han organizado centenares de seminarios sobre lo que fue sin duda alguna el incidente más grave en la historia de la industria nuclear civil. Pero nada ha logrado tanto impacto para concienciar sobre lo acaecido como la miniserie de HBO «Chernobyl», estrenada en España en mayo.

Tal ha sido el éxito de esta miniserie estadounidense y el interés despertado hacia aquella tragedia que los operadores que organizan excursiones al epicentro del desastre observan un importante aumento de este peculiar tipo de turismo. Las agencias ucranianas SoloEast y Chernobyl Tour reportan incrementos en la demanda de reservas para los meses del verano de entre el 30% y el 40%.

De momento los precios se mantienen invariables. Una visita de un día a Chernóbil desde Kiev suele costar entre 100 y 150 euros. Pero las agencias turísticas advierten que, si el flujo de turistas sigue aumentando, los precios podrían subir. En España hay agencias que organizan el viaje a Ucrania, con estancias de dos o tres días en Kiev, e incluyen la extensión a Chernóbil. El paquete completo desde Bilbao, Madrid o Barcelona podría rondar los 800 o 900 euros.

Pripiat, abandonada

La excursión a la llamada «zona de exclusión», todo el área que se extiende en un radio de 30 kilómetros alrededor de la central nuclear cuyo reactor número 4 saltó por los aires aquel 26 de abril de 1986, empieza en la localidad de Chernóbil. Está a 13 kilómetros al sureste de la planta atómica. Tras su descontaminación, que incluyó una importante tala de árboles y la demolición de edificios enteros, alberga actualmente los laboratorios de distintas organizaciones encargadas de limpiar la zona y realizar labores de observación.

Uno de los puntos más sucios es el almacén en donde se sepultó todo el material utilizado durante las primeras horas de lucha contra el escape nuclear. Hay excavadoras, camiones y los utensilios empleados por los llamados «liquidadores» en su titánico esfuerzo para evitar que se propagase la radiación.

El momento más sobrecogedor de la excursión es cuando se contempla el panorama que se divisa desde el «mirador», un lugar junto al puente sobre el río Prípiats desde donde se ve el sarcófago que recubre el reactor número 4 de la central, el causante de la catástrofe, para mantener aislado el magma en el que se convirtió el combustible atómico. Con la instalación, en 2016, de un nuevo sarcófago, mucho más seguro y amplio que el anterior, se puede incluso entrar y ver por dentro el enorme hangar y la bóveda en forma de arco que lo recubre.

Sin embargo, lo que más impresiona al turista es la fantasmagórica localidad de Prípiats, en donde vivía todo el personal que trabajaba en la planta y que está a tan solo 4 kilómetros del reactor que explotó. Sus habitantes tuvieron que ser evacuados de golpe al día siguiente del accidente nuclear y ahora surge en medio de la maleza como una ciudad abandonada que conserva intactos los símbolos comunistas de entonces. Todo el entorno presenta una aspecto inquietante debido a la vegetación y la presencia de perros y animales salvajes que acuden por la escasa presencia del ser humano y aprovechando agujeros en el vallado que acota la zona.

Hasta diciembre de 2010, a la «zona de exclusión» sólo podía acceder personal autorizado, científicos. médicos y, con la debida autorización, periodistas. Después de esa fecha, el Gobierno ucraniano autorizó la entrada de turistas y curiosos con la única condición de que lleguen organizados por alguna agencia. Deberán firmar además un papel por el que la administración del complejo se exime de toda responsabilidad por cualquier perjuicio a la salud que pueda sufrir el visitante.

Según cálculos oficiales, las dos explosiones que ocurrieron en el reactor cuatro pasadas las 1,23 horas de la madrugada del 26 de abril de 1986 liberaron 50 toneladas de material altamente radiactivo equivalente a 500 bombas como la de Hiroshima. Contaminó 150.000 kilómetros cuadrados de tierras en Ucrania, Bielorrusia y Rusia. La nube radiactiva llegó hasta los países escandinavos y a varias zonas del centro y el este de Europa.

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